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Scouts encendieron fogata por los 103 años del grupo San Sebastián

Tomados de manos como hermanos, los integrantes del grupo scout San Sebastián rodearon la fogata que selló la celebración por los 103 años del grupo pionero del escultismo en Venezuela. En la sede del liceo Udón Pérez, en Maracaibo, lobatos, scouts y rovers, acompañados de sus dirigentes y adultos colaboradores se reunieron, este sábado, para festejar un siglo y tres años del legado de Ramón Ocando Pérez, quien en 1913 encendió la llama scout en el país. «Los scouts somos un movimiento educativo para niños y jóvenes entre 7 a 21 años, que formamos ciudadanos inculcando valores con la premisa aprender haciendo, aplicando el método scout», explicó Andrea Soto,  jefe de grupo de San Sebastián, que cuenta con 94 miembros registrados en 2016.

 

Soto detalló que la actividad aniversaria comprendió actividades deportivas, culturales, actos de baile,  magia y el tradicional encendido de la fogata, que posee una comnotación espiritual de reunir a los scout junto al fuego, expresar una oración y entonar cánticos. Pertenecer al grupo scout más antiguo del país representa, a decir de la scouter Soto, una responsabilidad, puesto que es un gran reto seguir difundiendo las enseñanzas del zuliano Ramón Ocando Pérez. «Llevar la pañoleta verde es motivo de orgullo, en el momento en que otros scouts nos ven nos identifican con  el grupo San Sebastián, el más antiguo de Venezuela». Valentina Álvarez tiene 20 años y de ellos ha dedicado 13 al movimiento scout. Lleva dos máximas insignias en las unidades Manada y Tropa: Lobo Saltarín, Scout de Bolívar, y actualmente «rema su propia canoa» en la unidad Clan para conseguir la insignia  Ciudadano.

 

La joven, estudiante de Comunicación Social, recuerda que llegó al grupo San Sebastián a los siete años. «Fue la mejor actividad en la que mi papá me pudo haber inscrito. Hice mi promesa scout a los 8 años y desde ese entonces me ha encantado toda esta aventura, ha sido una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida».  «En la manada aprendí a jugar y a divertirme con los lobatos y lobeznas; en la tropa desarrollé mis competencias y destrezas en diferentes áreas como comunicación, cocina y vida al aire libre. Tuve la dicha de participar en un campamento nacional scout», sintetiza la rover Valentina Álvarez. Zona de los archivos adjuntos

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