Un estudio de la Universidad de Purdue y un informe de Remitly colocan a España entre los países en los que el umbral de ingresos asociado a la felicidad…
Un estudio de la Universidad de Purdue y un informe de Remitly colocan a España entre los países en los que el umbral de ingresos asociado a la felicidad queda muy por encima del salario medio ajustado por poder adquisitivo. En cifras concretas, el sueldo promedio en el país se sitúa en torno a los 42.500 dólares anuales, mientras que el nivel considerado suficiente para ser feliz alcanza los 87.900 dólares.
La felicidad sube con los ingresos, pero solo hasta cierto punto
La investigación de Purdue, basada en datos de más de un millón y medio de personas en 164 países, concluye que la felicidad aumenta a medida que crecen los ingresos. Sin embargo, ese efecto no se mantiene de forma indefinida. A partir de cierto nivel aparece lo que los autores denominan saciedad del ingreso: ganar más dinero deja de mejorar la evaluación que cada persona hace de su vida y de sus emociones cotidianas.
El informe de Remitly tomó esos puntos de saciedad y los ajustó al coste de vida local para poder comparar países con economías muy distintas. Para ello utilizó ratios del Fondo Monetario Internacional y datos de inflación actualizados. El resultado es una medición expresada en términos de poder adquisitivo, no en salarios nominales tal como aparecen en una nómina.
Ese ajuste es clave, porque un sueldo de 40.000 euros en España no permite comprar lo mismo que 40.000 dólares en Estados Unidos. Por eso, las cifras del informe buscan reflejar de forma más realista cuánto dinero hace falta en cada país para alcanzar ese umbral económico de bienestar.
España: el umbral está al doble del salario medio ajustado
En el caso español, el salario medio ajustado por poder adquisitivo cubre apenas el 48,4% del ingreso que las personas considerarían suficiente para ser felices. Dicho de otro modo, haría falta duplicar los salarios para aproximarse a ese nivel. El estudio sitúa así a España en una zona en la que el trabajo no termina de traducirse en tranquilidad económica y la preocupación por llegar a fin de mes sigue pesando en la percepción de bienestar.
Más allá de la cifra nacional, el informe muestra que la felicidad económica también varía dentro de un mismo país, en función de la ciudad en la que se viva y del coste de vida que la acompañe.
Las ciudades españolas también marcan diferencias
Madrid encabeza la lista de ciudades españolas con un precio de la felicidad de 89.759 euros al año, ligeramente por encima del umbral nacional. Muy cerca aparecen Barcelona, con 88.562 euros, y Palma de Mallorca, con 88.263 euros. Las tres coinciden además entre las ciudades con los precios de vivienda más altos del país.
En el extremo opuesto se ubica Granada, donde el nivel estimado para alcanzar ese techo de bienestar es de 73.153 euros al año, un 18,5% menos que en Madrid. El estudio relaciona esa diferencia con un coste de vida más contenido, además de factores como el clima y la arquitectura de la ciudad.
El mapa global del dinero y la felicidad
A escala mundial, el país donde más cuesta llegar a ese umbral es Islandia, con 163.579 dólares al año. Pese a ello, sus altos salarios y la calidad de vida que ofrece el Estado lo colocan como el segundo país más feliz en 2025, de acuerdo con los datos citados en el informe.
En el otro extremo, Ecuador presenta un salario anual ajustado de 6.500 dólares, que solo cubriría el 32,9% de los 19.700 dólares que sus ciudadanos consideran adecuados para ser felices.
Entre ambos extremos aparecen casos como Eslovenia, donde el salario ajustado promedio asciende a 42.800 dólares anuales, por encima de los 36.800 dólares que, de media, se consideran suficientes para sentirse feliz. También figura Luxemburgo, con 109.900 dólares al año, que cubrirían el 92,8% de ese umbral; Estonia, con el mismo porcentaje; y Singapur, con un 90,5%.
El dinero ayuda, pero no lo explica todo
Los autores del estudio de Purdue advierten, además, que alcanzar ese nivel de ingresos no garantiza una felicidad mucho mayor. El trabajo plantea el concepto de adaptación hedónica, que describe la tendencia a volver a un estado de ánimo similar con el paso del tiempo, incluso cuando cambian las circunstancias económicas.
En ese sentido, el dinero sí contribuye al bienestar, y de forma importante, pero solo hasta un límite. A partir de ahí, la percepción de felicidad depende también de otros factores que no se reducen al tamaño del salario.