Cadenciosa, armónica y repleta. Así es la fulía, el ritmo típico de la costa venezolana y que además suele acompañar las celebraciones de los velorios de la Cruz de Mayo, en los que se le rinde tributo al madero donde fue crucificado Jesús. Frente al vistoso altar donde colocan la cruz es cantada por solistas que se suceden y reciben respuesta del coro de asistentes.
En el oriente y la costa central del país se canta este género musical muy vinculado a lo religioso.
“Esta maravillosa expresión afrovenezolana desarrollada en origen en la costa central. Sutil y vigorosa, vinculada a los velorios de Cruz de Mayo, el 3 de mayo, en tributo a la naturaleza. A pesar de su avasallante y pegajoso ritmo, no se baila por respeto a la cruz”, explicó la profesora Yolanda Delgado.
El músico zuliano Jesús Morillo explicó que en la fulía se canta un legío, que son fonemas africanos. “Por ejemplo, arranca la canción: ‘Yo me enamore de noche Carmela, ole, ole, ola’. Aparece la solista y canta otro verso —improvisado muchas veces— y se van rotando un clavel entre las cantantes, que generalmente son mujeres, porque los hombres quedan para los instrumentos, aunque esto ha cambiado”.