- Heidy llega a La Guaira y se instala bajo un toldo rojo.
- Llegada de maquinaria para ayudar en la búsqueda.
- Edwin y vecinos continúan buscando a sus seres queridos.
La búsqueda de Heidy Bandres
Heidy Bandres, de 29 años, llegó a La Guaira el 26 de junio, poco después del terremoto que derrumbó la Misión Vivienda OPPE 22. Se instaló bajo un toldo rojo y ha permanecido allí difundiendo su desesperación mientras busca el cuerpo de su hija Yusneidi de 9 años.
El colapso compactó los pisos, dificultando las labores de rescate. A pesar de la llegada de maquinaria el 8 de julio, los maquinistas trabajan solo de 8 a.m. a 6 p.m., dejando a los familiares en la búsqueda nocturna.
Heidy ha señalado que los cuerpos ya no se reconocen por el cabello o la ropa, y que cada nuevo hallazgo exige su presencia para intentar identificar a su pequeña.
El caso de Edwin Aliendre
Edwin Aliendre, 30, también en la OPPE 22, busca a su hijo Zaid de 5 años y a su esposa Maritza Cordero. Tras el terremoto, se dirigió a La Guaira en moto, encontrándose con un caos indescriptible.
Edwin, que trabaja en la construcción, relata que la ayuda llegó solo después de que la comunidad protestó a un general, y que la maquinaria llegó cinco días después del terremoto.
La falta de respuestas profundiza su incertidumbre, recordando que el último mensaje con su esposa fue a las 5:46 p.m.
Desafíos cotidianos sin electricidad
Angélica López, 47, vive en la urbanización Caribe con sus dos hijos y esposo. La falta de electricidad y agua la obliga a usar una planta eléctrica para conservar su insulina y a extraer agua de un tanque subterráneo.
Según ella, los familiares de las víctimas de un edificio contiguo pagaron 1.800 dólares diarios por maquinaria pesada y 500 dólares adicionales por un tractor para remover escombros.
A pesar de la devastación, en La Guaira y parroquias cercanas el transporte público y los comercios están reactivándose, aunque la ayuda sigue siendo insuficiente.
