El juego como herramienta para sanar

Mientras Damián prefiere pasar las tardes jugando fútbol, su hermana María, de 10 años, revive constantemente el momento en que perdió a su madre. Su tía Mercedes Osul, quien asumió el cuidado de la familia, observa que la niña se vuelve ansiosa y busca refugio en los dulces.

El representante de UNICEF en Venezuela, Manuel Rodríguez Pumarol, explica que los niños son los más vulnerables ante experiencias traumáticas. En varios refugios se han creado Espacios Amigables para la Infancia, donde psicólogos y trabajadores sociales acompañan a los menores a través de actividades recreativas y grupales. El objetivo es ofrecer un entorno seguro para que los niños comiencen a procesar el trauma sin la presión de hablar de inmediato sobre lo ocurrido.

El acompañamiento también llega a los adultos responsables. Cuando Mercedes contó que Damián evitaba hablar de la muerte de su madre, la psicóloga del refugio le recomendó no obligarlo a hablar, sugiriendo que el proceso de drenaje emocional se produzca de forma natural.

El desafío de reconstruir una infancia después del desastre

Los terremotos han alterado la vida cotidiana de miles de niños, quienes ahora deben adaptarse a un nuevo entorno lejos de la rutina que conocían. En los refugios temporales, el reto no solo es garantizar un lugar donde dormir o recibir comida, sino también ayudar a recuperar espacios de seguridad, juego y aprendizaje mientras sus familias buscan soluciones más estables.

UNICEF estima que, además de los 650.000 beneficiarios, alrededor de 234.000 niños han perdido hogares o familiares, y muchos han sufrido la interrupción de servicios esenciales como agua potable, atención médica o vacunación. El objetivo es garantizar que el terremoto no les quite su futuro.

Para que los niños puedan volver a la escuela, algunos campamentos temporales funcionan en centros educativos y se trabaja para liberar esos espacios antes del inicio del próximo año escolar. Sin embargo, el miedo y la ansiedad persisten; muchos niños tienen dificultades para dormir o prefieren permanecer despiertos hasta la noche por temor a que vuelva a temblar.

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