En Caracas, la escuela de cocina Chef Campus se ha convertido en uno de los espacios que sostienen la respuesta solidaria tras los terremotos que sacudieron Venezuela el miércoles. Allí se debate incluso si una arepa se asa o se fríe más rápido, mientras en paralelo se preparan alimentos para damnificados, voluntarios y equipos de rescate.
Fogones encendidos para la emergencia
La cocina de esta institución es apenas una muestra de una red más amplia de restaurantes y organizaciones que no ha dejado de trabajar desde el 24 de junio pasado. En esos fogones se han servido miles de arepas, además de sopas y almuerzos, con el propósito de apoyar a quienes afrontan las consecuencias del desastre.
La respuesta alimentaria se ha sostenido sobre una capacidad de organización que no surgió de forma repentina. Durante años, distintos sectores del país aprendieron a funcionar en medio de la desnutrición, la escasez, los hospitales inservibles, los apagones y la represión. Esa experiencia acumulada terminó por levantar una red de ayuda que hoy actúa con rapidez ante una tragedia natural de gran magnitud.
Una red construida en la crisis cotidiana
En un país acostumbrado a resolver carencias con esfuerzo propio y cooperación, la emergencia activó mecanismos que ya estaban presentes en la vida diaria. Cocineros, voluntarios e instituciones han mantenido abierta la cadena de apoyo para atender necesidades inmediatas, especialmente la alimentación de quienes participan en las labores de asistencia.
