Mark Zuckerberg presentó en Nueva York la visión más ambiciosa de Meta para la inteligencia artificial: gafas como próxima plataforma informática, asistentes personales siempre disponibles y una arquitectura distribuida para evitar que una sola IA concentre demasiado control.

Claves

  • —Zuckerberg dijo que las gafas con IA de Meta podrían convertirse en la próxima gran plataforma de computación, por encima del teléfono.
  • —El CEO de Meta defendió una “superinteligencia personal” distribuida y cuestionó la idea de una sola IA central dominante.
  • —También abordó riesgos en ciberseguridad, biotecnología y empleo, aunque sostuvo que la IA puede crear más trabajo si empodera a individuos.

🔥 Meta lanza su ambicioso proyecto de gafas con IA

Mark Zuckerberg revela la visión de Meta: gafas como la próxima gran plataforma de computación.

La IA será personal y distribuida, evitando la concentración de poder.

Zuckerberg enfatiza que estas gafas permiten integrar… pic.twitter.com/8SRDYweX1O

— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 28, 2026

Durante una conversación pública en Nueva York, el CEO sostuvo que las gafas inteligentes son el formato más natural para integrar asistentes de IA al día a día, sin aislar a las personas del entorno como ocurre con los teléfonos.

En la entrevista Mark Zuckerberg on AI’s Job Impact, Government Regulation, & How Meta Glasses Changed His Routine, realizada por Complex, explicó por qué Meta cree que el próximo salto computacional pasará por dispositivos portables con visión, audio y asistencia contextual permanente.

Su tesis central fue que el futuro más positivo no depende de una sola inteligencia artificial todopoderosa, sino de distribuir capacidades entre individuos mediante herramientas personales que actúen como una especie de “superinteligencia personal”.

Meta quiere que las gafas sean la próxima plataforma informática

Zuckerberg afirmó que Meta está “muy emocionada” con la nueva línea de gafas de la empresa, diseñada desde cero junto con EssilorLuxottica. Según detalló, el producto reúne la funcionalidad desarrollada previamente con marcas como Ray-Ban y Oakley.

La apuesta no es marginal dentro de Meta. El ejecutivo dijo que la empresa lleva trabajando en realidad virtual y aumentada desde 2014, y que parte del desarrollo de gafas inteligentes acumula ya más de una década.

2.000 millonesde personas ya usan gafas ópticas en el mundo

Su argumento para considerar a las gafas como la siguiente plataforma de computación parte de una tendencia histórica. En su visión, la tecnología se vuelve cada vez más natural, menos invasiva y más integrada a la vida cotidiana.

Para Zuckerberg, el teléfono obliga a mirar un “pequeño rectángulo” que aparta a la persona del mundo real. En cambio, las gafas permitirían interactuar con la tecnología manteniéndose presente con quienes están alrededor.

También sostuvo que este formato es ideal para asistentes de IA porque pueden ver lo que ve el usuario, escuchar lo que escucha y hablar con él durante el día. Más adelante, añadió, podrán proyectar información en el campo visual y superponer elementos sobre el entorno.

Las gafas han cambiado su rutina y Meta ve una ventaja acumulativa

Zuckerberg explicó que usar estas gafas durante años le ha mostrado algo simple pero relevante. Muchas cosas que ya pueden hacerse en un teléfono resultan mejores cuando se ejecutan desde un dispositivo que se lleva puesto.

Mencionó, por ejemplo, las llamadas de voz con el oído libre y sin oclusión total. Dijo que eso permite caminar por la calle sin dejar de escuchar el entorno, algo que considera especialmente valioso en términos prácticos.

También destacó la calidad del audio captado por el micrófono ubicado en la almohadilla nasal. Según afirmó, la claridad es tan alta que ha llegado a tomar llamadas de negocios incluso mientras iba en una moto acuática.

El factor de adopción masiva también fue parte de su razonamiento. Recordó que casi 2.000 millones de personas ya usan gafas ópticas en el mundo y que miles de millones más usan gafas de sol.

Por eso comparó el momento actual con la transición entre teléfonos convencionales y smartphones. A su juicio, dentro de cinco años podría parecer extraño que unas gafas no incluyan funciones inteligentes de asistencia cotidiana.

El trasfondo económico de esa visión está en el software. Zuckerberg explicó que el hardware avanza con ciclos largos, pero las capacidades de IA mejoran entre lanzamientos, por lo que unas gafas compradas hoy podrían volverse más útiles con cada nueva actualización del modelo.

Entre las mejoras recientes, destacó la comprensión multimodal, capaz de responder no solo a preguntas de texto o voz, sino también a lo que la IA puede observar alrededor del usuario. Además, sostuvo que la traducción de idiomas en tiempo real está “casi resuelta”.

Donde dijo ver el mayor salto es en la IA agéntica. En lugar de una interacción de pregunta y respuesta, imagina asistentes que reciban tareas, trabajen en segundo plano o permanezcan activos durante sesiones prolongadas para ayudar sin esperar instrucciones constantes.

«No quiero vivir en un futuro donde exista “una gran IA” usada por todos»

Mark Zuckerberg

La “superinteligencia personal” como respuesta a la concentración de poder

Uno de los ejes más llamativos de la entrevista fue filosófico y político. Zuckerberg defendió una visión de IA distinta a la que, según él, predomina en otros laboratorios.

Meta denomina esa visión “superinteligencia personal”. La idea es construir herramientas avanzadas que sirvan a cada individuo y operen en función de sus objetivos, contexto y aspiraciones particulares.

El CEO dijo que no quiere vivir en un futuro donde exista “una gran IA” usada por todos. A su juicio, incluso si esa inteligencia fuera muy poderosa, un esquema tan centralizado sería indeseable por la concentración de poder que implica.

Su argumento se apoya en la noción de controles y contrapesos. Para él, una sociedad sana distribuye capacidades, permite competencia entre intereses y evita que una sola entidad acumule autoridad absoluta sobre sistemas clave.

En ese marco, sostuvo que la mejor posibilidad de un futuro positivo pasa por dar a la mayor cantidad de personas posible una IA personal que entienda su vida, trabaje para ellas 24/7 y las ayude a alcanzar sus propias metas.

Reconoció que esta idea es controversial. Algunos creen que entregar herramientas tan potentes a individuos aumentaría el riesgo de usos dañinos, pero él respondió que la historia suele favorecer más libertad y más agencia, no menos.

Al referirse a los temores más apocalípticos sobre IA, dijo ser más optimista que quienes creen que construirla llevaría a la catástrofe. Aun así, admitió que toda tecnología poderosa amplifica tanto el potencial de hacer el bien como el de causar daño.

Por eso insistió en que la seguridad es un tema crucial. Sin embargo, su respuesta no es frenar el desarrollo hasta concentrarlo en una sola entidad alineada, sino distribuir poder para que también existan límites sistémicos frente a excesos.

Empleo, ciberseguridad y biología, entre los riesgos que ve Meta

Zuckerberg señaló que uno de los cambios más visibles es la creciente capacidad de la IA para programar. Eso no solo impacta a ingenieros, sino a cualquier persona que quiera automatizar tareas o crear herramientas específicas para su vida diaria.

Como ejemplo, comentó que instaló cámaras en su gimnasio de MMA y quiso desarrollar un agente que lo observara y le diera retroalimentación entre rounds. Describió ese caso como un problema de software, procesamiento de video y detección contextual.

Pero ese mismo avance en generación de código también abre una superficie de riesgo. A mayor capacidad para producir sistemas funcionales, mayor potencial para crear amenazas de ciberseguridad.

En este punto, su postura volvió a inclinarse por la apertura relativa. Sostuvo que, así como el software de código abierto suele terminar más robusto porque más personas pueden detectar y corregir vulnerabilidades, algo similar podría ocurrir con la IA si se endurece rápido mediante revisión amplia.

Incluso dijo esperar un futuro en el que la IA ayude a producir código “verificablemente seguro”. Eso permitiría a usuarios comunes construir soluciones sin cargar con la mayoría de los riesgos tradicionales de seguridad.

En paralelo, identificó otro frente decisivo para los próximos años: la ciencia.