Un casco de bicicleta inspirado en el pájaro carpintero se colocó a la cabeza de las pruebas de seguridad de la Universidad Tecnológica de Virginia, con una puntuación de 4,61 en la clasificación STAR. El modelo Pikio Si, diseñado para reducir tanto los golpes directos como la torsión del cerebro dentro del cráneo, quedó por delante de sus competidores en una medición donde menos puntos significan mejor protección.

La seguridad ya no se mide solo por el golpe

Durante años, la evaluación de los cascos de bicicleta se centró en su capacidad para resistir impactos directos. El problema, según las investigaciones citadas en la pieza, es que el mayor riesgo también aparece cuando la cabeza gira con violencia al momento del choque. Esa rotación puede estirar y retorcer el cerebro dentro del cráneo, elevando el riesgo de conmoción y otras lesiones.

Frente a ese enfoque más limitado, la industria del ciclismo impulsó sistemas destinados a reducir el movimiento rotatorio. El Sistema de Protección contra Impactos Multidireccionales salió al mercado en 2007 y ya se considera una característica habitual en cascos de gama alta. Más tarde, la Universidad Tecnológica de Virginia endureció el estándar al lanzar en 2018 la clasificación STAR, que prueba los cascos más allá del mínimo legal y mide tanto impactos lineales como rotacionales.

Ese cambio alteró la competencia entre fabricantes. En los primeros 30 cascos evaluados, solo cuatro alcanzaron cinco estrellas; en 2025, 167 de 272 lo lograron, lo que llevó a la universidad a ajustar sus criterios para mantener el nivel de exigencia.

Un diseño que divide la espuma en secciones

El casco Pikio Si toma la estructura habitual de espuma de poliestireno expandido y la reorganiza en secciones montadas de forma independiente, en vez de dejarla como un bloque continuo. Cada sección se fija a la base mediante puntos flexibles que le permiten moverse por separado o desprenderse ante un impacto fuerte.

Según el fundador Daniel Abram, el sistema combina esa estructura con una espuma de doble densidad para absorber el golpe directo y, al mismo tiempo, reducir la fuerza de torsión que llega a la cabeza. Abram afirmó que el diseño puede deformarse, desviarse y desprenderse según la intensidad, la ubicación y la dirección del impacto.

La compañía también ofrece un descuento del 30% para reemplazar un casco dañado. Abram dijo que hasta ahora han recibido y sustituido cuatro cascos, que, según su versión, cumplieron su función y protegieron a los ciclistas.

Precio alto y fabricación compleja

El Pikio Si cuesta 379 dólares, 219 dólares más que el segundo mejor casco probado por STAR, el Canyon Deflectr RLS. Parte de ese precio se explica por el proceso de fabricación: Abram dijo que un casco estándar tiene entre ocho y diez piezas, mientras que este modelo usa alrededor de 80 componentes individuales.

En la práctica, el casco pesa 279 gramos en talla mediana, tiene 17 rejillas de ventilación y un sistema de ajuste con rueda. Abram también descartó la idea de un cierre magnético bajo la barbilla y argumentó que una hebilla tradicional pesa menos.

Más allá del resultado en laboratorio, la marca todavía enfrenta el reto de convencer a los ciclistas de confiar en un fabricante poco conocido para una pieza tan delicada como la protección de la cabeza. Por ahora, el Pikio Si dejó una marca clara: en una categoría cada vez más exigente, la seguridad ya se premia con puntos, y también con mercado.