La Voyager 1 se encamina a un nuevo hito en su viaje por el espacio interestelar: la sonda de la NASA alcanzaría la distancia de un día luz de la Tierra…
La Voyager 1 se encamina a un nuevo hito en su viaje por el espacio interestelar: la sonda de la NASA alcanzaría la distancia de un día luz de la Tierra el 18 de noviembre de 2026, a las 10:16:07 UTC, de acuerdo con los cálculos de los ingenieros de la misión y las declaraciones divulgadas por la agencia a IFLScience.
La nave, lanzada en 1977 como parte del programa Voyager de la NASA, fue diseñada originalmente para estudiar los planetas exteriores del sistema solar. Con el paso de los años, cumplió también una segunda misión: convertirse en la primera nave en salir más allá de los límites del sistema solar, algo que logró antes que su gemela, la Voyager 2.
Una trayectoria llena de primeros hitos
Durante su recorrido, la Voyager 1 visitó Júpiter en 1979 y Saturno en 1980. En el paso por Júpiter permitió detectar dos nuevas lunas y un anillo delgado alrededor del planeta. Más tarde, en Saturno, identificó un nuevo anillo y cinco satélites más. Después continuó su viaje hacia el exterior del sistema solar y dejó atrás la heliosfera en 2012, cuando se convirtió en el primer objeto construido por el ser humano en entrar al espacio interestelar.
La sonda comparte esta historia con la Voyager 2, pero siempre fue ligeramente más rápida en su avance. Esa diferencia le ha permitido llegar primero a cada nuevo umbral, incluido el que ahora está a punto de marcar: un día luz de distancia de la Tierra.
Cómo sigue funcionando tras casi cinco décadas
Para prolongar su vida útil, la NASA ha ido apagando de forma progresiva varios de sus instrumentos con el fin de ahorrar energía. Por eso, la Voyager 1 lleva décadas sin tomar imágenes; la última fue el conocido “punto azul pálido”, captado el día de San Valentín de 1990. Aun así, la nave todavía transmite datos a la Tierra, aunque cada vez con más dificultad por la distancia.
Su energía proviene de tres generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG), que convierten el calor producido por la desintegración del plutonio-238 en electricidad. Ese sistema ha permitido que las sondas sigan operativas durante décadas. En 2011, ambas generaban algo menos de 270 vatios, alrededor del 76% de la potencia con la que comenzaron, según los cálculos recogidos por Universe Today.
Sin embargo, la potencia disponible disminuye cerca de un 0,8% cada año. Por esa razón, se estima que hacia 2030 ya no tendrán suficiente energía para captar datos ni comunicarse con la Tierra. Entonces seguirán su recorrido por el espacio interestelar, pero apagadas y silenciosas.
Lo que vendrá después
A partir de ese punto, se calcula que la Voyager 1 tardará unos 40.000 años en acercarse a la estrella más cercana posible. Si en algún momento entra en otro sistema planetario, llevará consigo el disco de oro que también porta la Voyager 2, con saludos en 55 idiomas, música y 116 imágenes y sonidos de la Tierra.
La nave, como las demás sondas Voyager, continuará viajando por el espacio mucho después de haber dejado de operar. Por ahora, el próximo gran registro histórico está a pocos meses de distancia.