Bill Gates volvió a defender que la expansión de la inteligencia artificial en el trabajo cambiará el mercado laboral a un ritmo para el que, dijo, no estamos preparados. En una entrevista con The Observer, el filántropo afirmó que los incentivos actuales empujan a las empresas a sustituir personas por máquinas.

Gates planteó que la lógica dominante, tal como está diseñada, «consiste en contratar al robot, despedir al humano y no mirar atrás». Según su visión, ese esquema favorecerá primero el reemplazo de tareas de oficina y de invención, y después alcanzará también a oficios más físicos con el avance de los robots humanoides.

Un impuesto sobre la IA para financiar la transición

El empresario insiste en que los gobiernos deberían buscar una forma de gravar el uso de la IA. Su propuesta pasa por un «impuesto de tokens», bajo la idea de que si las empresas pagan impuestos sobre la nómina de las personas, también deberían aportar por los sistemas automatizados que usan en su proceso productivo.

Gates argumentó que, aunque la prosperidad general pueda aumentar, los ingresos públicos caerán durante la transición y harán falta nuevos recursos para cubrir prestaciones, educación futura y reconversión profesional. También pidió que las grandes fortunas paguen más y dijo que él habría aceptado desembolsar más del doble de lo que terminó pagando en impuestos a lo largo de su vida.

Los riesgos que ve en la IA avanzada

Además del impacto laboral, Gates ubicó entre las amenazas inmediatas el bioterrorismo y los ciberataques. Mirando más lejos, advirtió que a finales de los años 20 podría surgir una IA capaz de operar fuera del control humano, por lo que reclamó cooperación entre Estados Unidos y China para intentar reducir ese riesgo, que calificó como un reto para la humanidad.

Un estudio de Stanford citado en la conversación sobre este fenómeno señaló que los jóvenes de 22 a 25 años en profesiones muy expuestas a la IA tienen un 19% menos de empleo de lo esperado. Gates usa ese tipo de señales para insistir en que la transición tecnológica no será neutra para los trabajadores y que, sin ajustes fiscales, el costo social quedará desbalanceado.