Sucesos

Yeisy Peña, la policía altruista

El luto ha acompañado a Petra de Mamber en la  vejez. A sus 76 años,   ha visto  morir trágicamente a tres  de sus 11  hijos.    Adriana sufrió un derrame cerebral que apagó lentamente su vida, Ramón fue asesinado  para robarlo hace 19 años.

La más desgarradora de las pérdidas ocurrió hace una semana, el homicidio de la penúltima de sus hijas, Yeisy   Carolina Peña (43), supervisora jefe de Polimaracaibo, la derrumbó.

 

    “La vida no te deja de sorprender”, reflexiona Petra, mientras  hace un suspiro lento y deja perder su mirada.

“Esto para mí es la muerte.  Yeisy era mi pilar, mi compañera y apoyo. Se me derrumbó lo más grande. A pesar que me quedan ocho hijos, mi esposo,  y una cuarentena de sobrinos y otra de nietos,  el vacío es muy grande”, continúa diciendo la madre.

Y tiene razón Petra, el silencio que se vive en la casa materna  es  abrumador.  Antes de asistir a las misas del novenario, parte de la familia Mamber Peña se reúne en la vivienda de la avenida 37A del barrio Cardonal Norte, donde creció Yeisy, apodada  de cariño “Yeye”.  

En la mesa del comedor se sientan hermanos, cuñados, amigos, vecinos y por supuesto el padre, la madre y el único hijo de Yeisy, Juan Diego, para hablar sobre la vida del orgullo del hogar, la oficial de Polimaracaibo presuntamente   asesinada por efectivos  de la PNB.

“Fue una excelente hija.  Desde pequeña le gustó este oficio, ella adoraba ser policía. Quería siempre defender su patria y la ciudadanía y estaba en contra de los hechos malos. El orgullo de ella era servir y yo también me sentía orgullosa de ella”,  dice Petra, con palabras despacio.

 El padre de Yeisy no habló, cuando intentó decir algo se fue en llanto. Las palabras siempre las expresó la mamá.

“Yeisy salió con el carácter de su madre. Regio, dominante, con guáramo de mujer valiente. No le tenía miedo a nada, era resteada igual que yo”.

“Siempre me despertaba por las mañas para darle su bendición y encomendarla al Divino Niño. ‘Cuídate hija mía, ve que hay muchos malandros por la calle le decía’ y hasta que no llegaba no me acostaba a dormir”.

Yadira, una de las hermanas, busca varios álbumes de fotos y los muestra feliz.  La primera imagen que enseña es cuando Yeisy se graduó de la III promoción de policía comercial de Polimaracaibo en 1996. “Ese día sí estaba feliz, portaba su uniforme con orgullo y decía que ella iba a ser ejemplo para muchos”, comentó la progenitora.

Yeisy Carolina perteneció veinte años  a Polimaracaibo.  Murió con el rango de supervisora jefe.

Noreli, otra de las hermanas, desempolva  una segunda foto, esta vez es de Yeisy recibiendo su título como licenciada en educación física en el año 2011.  “Ella decía que tenía que superarse cada día. Estudió también TSU en computación en el Unir y comenzó derecho en LUZ pero no la terminó”, expresa.

    Toda la familia coincide en algo: “A pesar del carácter fuerte de Yeisi, ella tenía buen corazón”.

Los hechos demuestran las buenas acciones que hizo “la policía samaritana”. Sin quererlo, hizo de su vivienda una especie de casa de abrigo. Las historias conmueven hasta  quienes por nada del mundo sueltan una lágrima.

Yeisy cobijó en su casa por años a una mujer con discapacidad en situación de calle,  a un drogadicto y hasta   una pareja de médicos cubanos que recién llegados a Venezuela, le robaron todo.

“Yo era su principal alcahueta. Ella me decía: Mamá, pobrecita esta señora en silla de ruedas que no tiene donde vivir, me la voy a traer a la casa. Yo le contestaba:  Traela, que donde viven y comen dos, también conviven tres”,  cuenta Petra de Mamber.

Yeni es la coprotagonista de la historia. En el 2004, cuando tenía 34 años, fue “adoptada” por Yeisy. Ella la encontró en la calle sola y como no  aparecía la familia se la llevó a su casa, allí permaneció seis años hasta que en un viaje que hicieron a la playa, Yeni se reencontró con sus parientes.

Juan Diego, el único hijo de Yeisy fue adoptado por ella cuando solo tenía ocho meses. Ahora el pequeño es un adolescente  que cursa cuarto semestre de contaduría y lo cría la tía Yadira.

El crimen de Yeisy conmocionó a una institución y generó el repudio de la colectividad.  Siete funcionarios activos de la PNB fueron imputados por su participación en el asesinato. Aún falta mucho por investigar, el rompecabezas no está armado y el caso tampoco cerrado. ¿Por qué mataron a Yeisy? es la interrogante que muchos se hacen y la  debe descifrar el Cicpc.

“Por ese corazón tan grande y bondadoso que tuvo mi madre,  por esas ganas infinitas de servir a la ciudadanía, lo mínimo que se puede hacer para retribuir tanta vocación es hacerle justicia a su muerte”, clama su único hijo.

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