La presencia y los enfrentamientos de grupos paramilitares en la cuenca del Caura y el Orinoco, al sur del estado Bolívar, han generado una crisis de desplazamiento forzoso entre las familias indígenas de la zona. Aunque la infraestructura de los centros educativos, incluyendo los planteles de Fe y Alegría en el municipio Cedeño, no ha sido blanco directo de ataques, la huida masiva de los habitantes ha paralizado el servicio escolar.

Fuentes locales indicaron que muchas familias han abandonado sus hogares para salvaguardar sus vidas, lo que impide que los niños y niñas puedan asistir a clases. El contacto con los residentes se mantiene restringido ante el temor de represalias y la posible intervención de comunicaciones por parte de los grupos armados.

Riesgos para la niñez y desarraigo indígena

El coordinador general de la organización defensora de derechos infantiles Cecodap, Carlos Trapani, alertó sobre el éxodo de familias en la comunidad eñepa La Batea, en el sector Los Pijiguaos. Según el abogado, la interrupción del año escolar expone a los menores a riesgos graves, como el reclutamiento forzado, la trata de personas, el trabajo infantil y el impacto psicológico de presenciar la violencia, además de la pérdida de sus vínculos culturales y territoriales.

Minas antipersonales y ráfagas de disparos

La situación de seguridad en el municipio Cedeño se ha deteriorado con el incremento de detonaciones y enfrentamientos. El periodista Fritz Sánchez reportó que el pasado 4 de noviembre se escucharon ráfagas de disparos en el sector El Potrero, mientras denunciaba la inacción de la FANB ante el avance de las bandas irregulares. El comunicador también advirtió sobre la presencia de minas antipersonales en territorios originarios, tras registrarse un caso reciente en el que un joven resultó herido al perder un pie tras pisar uno de estos artefactos.