La vida de Luis Manuel Añanguren no es la misma desde diciembre. Hoy se encuentra fuera de su casa por seguridad. Ha acudido al Cicpc para que se aclare su situación. Pide se reforme el plan de seguridad OLP.
Luis Manuel Añanguren nació y creció en el barrio Los Sin Techos, de El Cementerio, Caracas, zona de gran conflictividad, eje central del desarrollo de la Operación de Liberación del Pueblo (OLP), plan activado desde principios de año por el Ejecutivo nacional. El hombre de 29 años se encuentra fuera de su casa. Vive una pesadilla desde el 12 de diciembre cuando comenzó a rodar por las redes sociales una fotografía de él, donde lo mal ponen como un peligroso delincuente del sector.
Transcurridos cinco meses sigue sin encontrar la paz, no entiende cómo una foto trucada, que llegó de manera anónima al Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas puede marcarle la pauta al principal órgano de investigación del país. Hoy es un perseguido de la OLP, hoy se constituye en el rostro de la equivocación, al igual que otras víctimas anónimas, denunciadas solo por sus familiares.
En dicha imagen se muestra a Añanguren, conocido en la zona como “Titi”, como un supuesto delincuente, vinculado con secuestros. Hasta el momento el único que ha investigado el origen de la fotografía ha sido él, y en varias ocasiones ha dado la cara ante los respectivos cuerpos de seguridad para que se solvente cualquier duda de su honorabilidad. Necesita recuperar su tranquilidad, regresar a su cotidianidad.
El montaje de una foto le ha quitado la tranquilidad a “Titi”.
De acuerdo con sus investigaciones, la persona con quien lo vinculan, que presenta gran parecido a él, era una víctima de varios sujetos que lo secuestraron en el mes de julio del año pasado y lo tenían retenido en una zona de El Cementerio. El hombre fue muerto por sus captores a los pocos días y encontrado su cadáver en la llamada Peste de Caracas, en el Cementerio General del Sur, en octubre del año pasado. Sin embargo, la fotografía manipulada —extraída de un video— se conoció en diciembre.
Las personas que mal pusieron el nombre de Añanguren encerraron en un círculo la cara de la víctima y en la parte superior de la imagen colocaron una foto real, tipo carnet, de Luis Manuel, colocando su” alias”, Titi, en rojo. “Conozca a los integrantes de la banda Los Sin Techo que opera desde El Cementerio” es el título que acompaña a la gráfica. En este caso dos personas inocentes se convirtieron en víctimas de la impericia policial.
“El 12 de diciembre me llamaron de mi casa. Me dijeron que hombres vestidos de negro y con capucha me estaban buscando. Me asusté y hablé con mi jefa la ministra Isis Ochoa. Enseguida fui al Cicpc, al piso 6, de Homicidios, con abogados del ministerio. El comisario tuvo que ver la foto y el video varias veces para entender que no se trataba de mí”, explica el hombre de 29 años, quien tiene ya cinco años trabajando con los Jóvenes del Barrio, grupo dirigido desde el ministerio de Las Comunas.
Añanguren ha acudido a varios órganos policiales.
Después de conversar varias horas con el comisario responsable de la división, el funcionario se percató que se trataba de una equivocación. Le dijo que se fuera tranquilo, que no iba a pasar nada, pero “no te vayas a tu casa esta semana, que va a estar un poco caliente”.
Añanguren nació y creció en Los Sin Techo, barrio al que asegura “amar con toda el alma”. Reconoce que en algún momento de su vida fue un poco “jodedor”, aunque no tiene antecedentes penales. Era un tipo medio vago, sin un rumbo definido. Pero su empatía con el lugar que lo vio crecer lo llevó a gestar mejoras por el sector y, luego de un contacto formal con funcionarios del ministerio, integró la nómina de la mencionada dependencia. Ahora su trabajo es captar a esos jóvenes que no tienen clara la ruta a seguir en la vida.
“El segundo contacto con la absurda realidad llegó el 26 de febrero de este año. Un tío le advirtió que una página web estaba tuiteando la foto trucada, colocándolo como un delincuente de la zona. De inmediato se activaron amigos, conocidos y familiares y la orden fue “bombardear” la publicación on line para que retiraran el material, que duró algunas horas en la realidad virtual.
Desde hace 5 años integra Jóvenes del Barrio.
“Buenos días a todos los que están activos en mi face, quiero decir que me están haciendo un ataque mediático con una foto en una página, donde me señalan como un azote de barrio, y la foto es un montaje mi gente, ese no soy yo, y todo el que me apoye y el que sabe que andamos activados haciendo el trabajo en los sectores populares por favor a desmontar eso, con mucho mensaje positivo y de amor, ya que ustedes saben que la práctica policial venezolana es injusta. Hoy estoy siendo atacado yo, mañana puede que sea cualquiera de ustedes. Necesitamos desmentir eso, ya que esto me perjudica, pero creo en Dios y sé que todo lo que hago es por amor”, escribió en su página personal de Facebook el 27 de febrero.
Hasta ese momento el asunto de la foto no había pasado a mayores. Solo le costó esa semana —recomendada por el comisario— fuera de su casa. Pero el pasado 18 de abril, en una entrevista en el canal internacional Telesur, realizada a Freddy Bernal, se colocó en pantalla la susodicha imagen.
“Ahí me aterré. Salí a la calle, no sabía ni qué hacer. Ya Freddy Bernal eran palabras mayores, él es una autoridad. Volví a llamar a la ministra Isis, a los abogados. Estaba asustado”, reconoce el coordinador de Caracas de los Jóvenes del Barrio, quien no puede ocultar su molestia ni con Bernal ni con el canal. Califica de gran irresponsabilidad utilizar cualquier material, exponerlo, sin conocer su certeza.
Actividades culturales, sociales se realizan a favor del barrio.
“Tengo miedo que la policía haga un mal trabajo, mientras Freddy Bernal está durmiendo en su cama. La misma Patricia Villegas me llamó para ofrecerme un derecho a réplica, que lo pienso aceptar y llevar pruebas de esta injusticia. La persona señalada en la foto era una víctima, fue asesinada, e igual tuve que hacerme una prueba antropométrica en la morgue de Caracas para comprobar que no soy yo”, dijo.
En cinco meses Añanguren ha pasado por el piso de 6 de la sede principal del Cicpc, por la Brigada contra la delincuencia organizada de la Policía Nacional Bolivariana, por la dirección Antiextorisión y Secuestro del Cicpc y la historia no termina. Incluso hace pocas semanas no permitió que un grupo de funcionarios de la PNB se lo llevara. “Él no soy yo”, se impuso, pero el peligro está latente.
“Si hay una policía científica debería investigar, ellos tienen que investigar. No me pueden poner en busca solo porque llegó un video. Si soy otro, y dejó eso así, luego llega la policía, me mata mañana, y dicen que un dirigente político está vinculado con las bandas y así me dañan. Lo que estoy viviendo lo viven un poco de chamos en el barrio”, explica con gran dolor e indignación.
Por los momentos no está dispuesto a seguir fuera del barrio. Mañana regresa con el estudio y una constancia del Cicpc bajo el brazo para demostrar su inocencia. Su hijo de 9 años lo espera, al igual que la organización del Día de las madres. No flaquea en su posición y rechaza la estigmatología a la que es sometida la juventud negra de los barrios caraqueños.
“Ellos atacan sin saber nada. Te ponen una treinta y ochito y luego se demoran cinco días en entregarte en la morgue. Maduro tienes que revisar la OLP. Somos los afectados y somos los que estamos contigo. Con solo llegar la policía tienes que correr, sino te golpean, te humillan, solo por estar parado en la vía”, explica.