Claves

  • El terremoto sacudió la costa venezolana el 24 de junio a las seis y cuatro minutos de la tarde.
  • Cinco días después, el balance oficial reconoce 1.719 muertos y 5.034 heridos.
  • Vecinos de Catia La Mar y Caraballeda denuncian que durante 48 horas el Estado no apareció con maquinaria ni despliegue visible.

La devastación que dejó el terremoto en La Guaira no solo se mide en muertos, heridos y edificios colapsados. También expuso, según relatan vecinos y sobrevivientes, una respuesta tardía del Estado en las primeras horas tras el sismo que sacudió la costa venezolana el 24 de junio a las seis y cuatro minutos de la tarde.

Cinco días después, el balance oficial reconoce 1.719 muertos y 5.034 heridos, según informó Jorge Rodríguez. Delcy Rodríguez decretó la emergencia esa misma noche. Pero durante las primeras cuarenta y ocho horas, en la zona afectada los vecinos aseguran que no hubo un despliegue masivo ni maquinaria pesada, mientras seguían removiendo escombros con las manos en medio de la oscuridad y sin electricidad.

Vecinos y militares se enfrentan al vacío en Catia La Mar

En Catia La Mar, la escena que describen los sobrevivientes es la de una comunidad obligada a trabajar sola entre ruinas. Un sargento de la Guardia Nacional Bolivariana dijo que estaban encuartelados y que no los dejaron salir hasta recibir órdenes. También contó que perdió a una hermana en la zona de Caraballeda.

Más adelante, habitantes rodearon a un contingente de soldados que custodiaba una estructura colapsada sin intervenir. Los obligaron a dejar las armas y a tomar picos y palas. Los militares obedecieron. Fue, de acuerdo con el relato recogido en el lugar, la primera vez en cinco días que un uniforme se ensució de polvo en esa zona.

La frustración también se repitió entre quienes esperaban ayuda para encontrar a familiares atrapados. Frente a los escombros, un padre gritó que no veía los uniformes y reclamó a la jerarquía militar: «Qué general y qué nada. Vamos a trabajar».

En Playa Grande, el edificio Oasis Beach de trece pisos se vino abajo con Leonardo, de 46 años, su esposa y su bebé de siete meses adentro. Ciento veinte horas después del seísmo, un familiar seguía observando el agujero que los propios vecinos lograron abrir en la estructura con picos y cabillas.

La ayuda civil avanza mientras el control oficial limita el acceso

Terremoto en La Guaira deja 1.719 muertos y revela una respuesta estatal tardía

En varias zonas, los testimonios coinciden en que la ayuda más visible llegó de civiles, motorizados y voluntarios que bajaban desde Caracas con agua y comida. Una vecina de Catia La Mar afirmó que del Gobierno no había visto ayuda, salvo la presencia de Protección Civil, que asistió a una niña que estaba tapiada.

La indignación también se extendió cuando dirigentes locales y vecinos denunciaron que la respuesta oficial se concentró más en el control que en el auxilio. El Gobierno restringió el ingreso a La Guaira únicamente a quienes tuvieran un salvoconducto oficial, lo que dejó varados en Caracas a médicos voluntarios, estudiantes y rescatistas civiles que intentaban bajar a la costa.

La sensación de abandono se agravó con denuncias de saqueos y falsas alarmas de tsunami para hacer salir a la gente y robar en casas vacías. En varias fachadas, los sobrevivientes escribieron sus nombres y teléfonos para identificar los hogares que aún esperan recuperar.

En medio de los escombros, una pinta en la pared de un consejo comunal resume el ánimo de la zona: «Solo el pueblo salva al pueblo». La frase, repetida entre ruinas y polvo, se convirtió en la expresión más dura de una tragedia que, para muchos vecinos, dejó al descubierto que la comunidad llegó primero que el Estado.

El balance más reciente habla de 1.719 muertos y 5.034 heridos. Mientras tanto, decenas de miles siguen desaparecidos.

En ese escenario, los vecinos de La Guaira insisten en una misma denuncia: la respuesta oficial llegó tarde, y cuando apareció, fue más visible para la foto que para rescatar a los atrapados.

El balance oficial deja miles de heridos y decenas de miles desaparecidos

La cronología descrita por los sobrevivientes y recogida en la zona apunta a una emergencia que desbordó a las autoridades desde el primer momento. Mientras fuerzas de salvamento internacionales aterrizaban de madrugada, los tractores y camiones de carga de la Fuerza Armada Nacional seguían estacionados en Fuerte Tiuna, Caracas, a treinta kilómetros del desastre.

En los urbanismos colapsados, las cifras oficiales conviven con el desconcierto y la desconfianza. Dani Machado, del consejo comunal del urbanismo Hugo Chávez, dijo que lo que está ocurriendo no se puede tapar con un dedo y que la realidad es la que viven allí. Evelyn Romero, por su parte, resumió el reclamo que se repite en la zona: la ayuda más clara ha venido de la gente, no de las autoridades.

La emergencia dejó, además, una costa marcada por nombres escritos a mano, rejas cruzadas con cinta negra y familias enteras esperando entre ruinas. En La Guaira, el terremoto no solo derrumbó edificios: también quebró la confianza de muchos vecinos en quienes debían responder primero.

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