La tristeza invade cada calle del barrio 26 de Febrero, en San Francisco. La muerte de “mamá” o “la abuela”, como cariñosamente conocían a María Esilda Alvarado (91), afectó a todo el que llegó a verla caminar por la barriada.
Uno de sus más de 50 nietos, Dennis José Alvarado (30), la mató a golpes el pasado lunes. Murió en el Hospital General del Sur.
Durante el velorio, en la pequeña sala de su casa, con solo un cuarto, sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos la recordaron. Veinte años vivió en el barrio, “Mamá” nunca tuvo un trabajo. La abuela vendía conservas, hacía dulces y “recogía los mamones que se daban en su propia casa para venderlos”, agregó un familiar.
A María Esilda la describieron como una persona alegre, tuvo diez hijos. “Amaba a su familia”, quería a cada uno de sus integrantes. “Siempre estaba rodeada de sus nietos, les cantaba, los llevaba a donde ella fuera, hasta al propio Dennis lo quería”, afirmó Anita, una de sus hijas más cercanas.
Con al menos 20 pequeños corriendo y jugando alrededor de la casa de “Mamá”, la tristeza se opacaba un poco.
Sentados debajo del mismo árbol como ella lo hacía todos los días, dijeron que le gustaban las rancheras “y odiaba las fotos”.
También recordaron que el pasado lunes se levantó temprano como siempre lo hacía a las 5:30 am le dio la bendición a su hijo Luis. “Hijo, cuídate aquí te esperaré para que me hagas la comida en la tarde”.
Se acostó de nuevo en su cama y familiares presumen que Dennis —al ver salir a su padre— entró, tomó la almohada, se la puso en la cara a su abuela y la golpeó. “Le limpió la sangre con una franela y le puso ropa limpia”, señaló un familiar. Luego salió. Nadie sospecho nada.
A las 7:00 am, dos bisnietos de 4 y 6 años llegaron con su desayuno como todos los días. La vieron ensangrentada y buscaron a su madre. Al encontrarla la llevaron al hospital pero murió al poco tiempo.
El vacío que dejó María Esilda es evidente. Los niños hablaban de ella, un pequeño, de 6 años, trató de recordar la letra que siempre les cantaba, pero al intentar pronunciarlas de nuevo hubo llanto entre los adultos.
“No existirá perdón para Dennis, aunque esté muerto, no tiene explicación lo que hizo”, sentenció Ana.
“La abuela” de todo el barrio ya no está. No la verán más caminar con sus nietos por las calles mientras vende algún dulce. Ya no dará la bendición.