Claves
- —La noche agrava la angustia de los damnificados en La Guaira, donde persisten apagones y falta de agua e internet.
- —Rescatistas y vecinos siguen buscando sobrevivientes entre los escombros de las residencias Rita Sol Palace, en Los Corales.
Cuando cae la noche en La Guaira, los damnificados por el doble terremoto del 24 de junio enfrentan el peor tramo del día: sin electricidad, sin agua, sin internet y con el miedo de nuevos saqueos en las zonas colapsadas. Entre escombros, vecinos y rescatistas siguen buscando sobrevivientes más de una semana después de la tragedia que ha dejado, según reportes oficiales, más de 2.000 muertos y 3.000 heridos.
La oscuridad agrava el miedo en Caraballeda
Egnis, quien prefirió no dar su apellido, contó desde una acera de la calle Guaicaipuro de Caraballeda que su rutina cambió por completo. Durante el día, dijo, la situación es soportable, pero al anochecer llegan la angustia y la zozobra. “Las horas pasan lento, parecen interminables. Es algo muy fuerte lo que estamos viviendo”, afirmó.
La mujer aseguró que están desasistidos e incomunicados. También denunció que cada vez escuchan más reportes de saqueos y robos en propiedades colapsadas que quedaron desprotegidas. “Esperamos que esta pesadilla pase pronto”, expresó iluminada por una lámpara recargable.

Otra habitante, Marta Morales, describió las noches como “terroríficas”. Su casa no sufrió daños graves, pero queda en riesgo por un edificio desplomado en la parte trasera y por un muro perimetral que amenaza con caer. “Tenemos que dormir aquí con los vecinos en la parte de afuera”, relató.
Morales agregó que la lluvia de una de las noches empeoró la situación y que el agua escasea, lo que complica cocinar y asearse. También dijo que se protegen entre vecinos con pitos, usados como alarma ante cualquier movimiento extraño.
Sobre la respuesta oficial, las versiones siguen siendo motivo de confusión entre los afectados. Aunque Jorge Rodríguez asegura que el servicio eléctrico está restituido en 90%, en el terreno persisten sectores a oscuras.
Rescate contrarreloj entre los escombros de Los Corales
En las residencias Rita Sol Palace, en Los Corales, rescatistas argentinos y venezolanos, voluntarios y familiares continúan las labores sobre una masa de concreto donde quedaron atrapadas decenas de vidas. La escena se repite entre faroles, maquinaria y una multitud que sigue cada avance con la esperanza de hallar sobrevivientes.
José García, que vivía en el piso 2 del edificio, contó que tras el sismo él, su esposa y sus hijos cayeron hasta la planta baja. Lograron rescatarlo junto con los niños, pero su pareja sigue desaparecida bajo la estructura colapsada.

García relató que permanecieron encerrados entre 8 y 9 horas y que, durante ese tiempo, les pedía a sus hijos que oraran. También recordó que fue sacado gracias al esfuerzo conjunto de su hijo mayor, un amigo de la familia y el grupo UOTE de la Policía Nacional.
Su hijo, el bombero Jesús García, explicó que al llegar al sitio un compañero ya había ubicado a su padre y a sus hermanos. Dijo que el rescate fue posible pese a una réplica y a la escasez de herramientas, que obligó a esperar un martillo eléctrico prestado por una residencia vecina.
Jesús García agregó que la llegada del grupo UOTE, con tres esmeriles, fue decisiva para completar el operativo. Sin embargo, la madre de sus hermanos continúa bajo los escombros.
Vecinos que temen volver a quedarse solos
Álvaro, un sobreviviente de 60 años, denunció el olvido institucional y la falta de recursos básicos para reconstruir sus vidas. Aseguró que durante el día pasan funcionarios, pero en la noche no hay patrullaje.
También advirtió que la falta de seguridad, agua y gasolina puede empujar a los vecinos a repetir escenas de desprotección similares a las de la tragedia de Vargas. “Aquí todos somos guerreros. Bueno, vamos a seguir guerreando, pero necesitamos ayuda”, dijo.
Entre la incertidumbre y el cansancio, los damnificados de La Guaira intentan sostener la rutina mínima: vigilarse entre ellos, conseguir agua, esperar comida caliente y confiar en que la asistencia llegue antes de que la noche vuelva a caer sobre las ruinas.
