Sucesos

Hombre ebrio en camioneta chocó contra un carro y mató al chofer

 Al ver a su padre muerto  en  el asfalto de la calle 72,  mojado por la lluvia, Grecia Medina se abalanzó sobre el cuerpo y gritó de desesperación. Mientras levantaba la sábana que cubría el cadáver derramaba lágrimas de dolor. La esposa de la víctima también se tumbó al suelo. Juntas lamentaban la tragedia.

  La muerte sorprendió a Gregorio de Jesús  Medina Espina, de 59 años,  a las 6:30 de la mañana de ayer, cuando acababa de dejar su última “carrerita”  del día,  en su Fiat Uno, blanco, con el que trabajó durante más de tres décadas como taxista.  

Gregorio iba camino de regreso a su casa por la avenida 9B, cuando el conductor de una Silverado, blanca, se “tragó”   la luz roja del semáforo de la esquina con la calle 72 y lo impactó por el parachoque trasero izquierdo.

El fuerte impacto ocasionó la desgracia. El chofer de la Silverado chocó, además, contra un árbol y un poste.

 El Fiat se convirtió en un amasijo de metal. El cadáver de Gregorio de Jesús quedó aprisionado entre los cojines y la carrocería del vehículo. Los cuatro ocupantes de la Silverado se bajaron de la camioneta, sin ninguna lesión visible.

 El conductor de la camioneta, Anthony Moreno Trillo,  quedó detenido por efectivos de la Policía Nacional Bolivariana. El joven, de 24 años, condujo bajo los efectos del alcohol, indicaron fuentes policiales.

Dentro de la cabina de la unidad había dos botellas de ron vacías y en el cajón más de una decena de cervezas.  

Anthony Moreno iba acompañado de un hombre y dos mujeres. Todos se retiraron del lugar sin ser atendidos por los paramédicos.

 Se conoció que salieron, al amanecer, de una discoteca ubicada en el centro comercial Costa Verde. Iban camino a desayunar cuando ocurrió el fatal accidente.

El vigilante de un centro comercial cercano presenció los hechos. Antes de entregar la guardia   dijo que el chofer de la camioneta iba a exceso de velocidad y, presuntamente, ‘regateando’ con otro vehículo.

La hija de la víctima, Grecia Espina, pidió justicia. “Por la imprudencia, mi padre está muerto”,  expresó, mientras caminaba de un lado a otro, con el reproductor y la llave de cruz del carro de su progenitor.

En la calle quedaron esparcidos restos de vidrios, botellas y partes de los dos carros. Los vecinos de los edificios cercanos salieron de sus casas a observar lo ocurrido. Uno de los residentes tomó fotos con una cámara profesional y después pretendió vender las imágenes del choque.  

Gregorio Medina dejó dos hijos.  Trabajaba en la línea de taxis La Marabina. “Fue un gran padre”, dijo la hija.

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