La violencia galopa en la pista y en torno del personal del del hipódromo de Santa Rita, al norte de la Costa Oriental del Lago y uno de los tres que operan en el país.
Los tiroteos y sicariatos no son nuevos: en 2012, dos hombres fueron asesinados a tiros en una tribuna, justo cuando los caballos llegaban a la meta. En una seguidilla reciente de ataques a trabajadores del óvalo, tres hombres fueron heridos a tiros a las 5:00 de la mañana de ayer, en la garita principal de vigilancia del hipódromo, a manos de un presunto sicario. Ayer, los dos vigilantes de la puerta de acceso y un obrero fueron alcanzados por las balas luego que el pistolero se acercara a preguntar por un presunto jinete, cuya actividad había cesado cinco años atrás. Caballos, jinetes y entrenadores se preparaban para iniciar los “traqueos” los ejercicios previos a las carreras de caballos.
“Pudo ser peor”, dijo un trabajador del hipódromo zuliano. “Diez minutos después llegó un autobús con jinetes y entrenadores”, señaló sin identificarse.
“El hampón bajó de un bus, en la carretera Falcón-Zulia y caminó hasta la entrada. Preguntó por un jinete, pero le respondieron que ya no trabajaba allí, dio la vuelta y sacó un arma con la que empezó a disparar hasta herir a los vigilantes…”, dijo la fuente.
Un segundo delincuente salió de entre los matorrales del lugar y huyeron en una de las motos de los vigilantes heridos.
Dos de los lesionados son: Cristianson Hernández, de 36 años. Recibió una bala en el intercostal derecho, y Daniel Cepeda, con impacto de bala en el cuello. Fueron trasladados al Hospital Senen Castillo, de Santa Rita, y remitidos, luego, al General del Sur donde permanecen recluidos.
Fuentes policiales revelaron que el ataque “guarda relación con las muertes ocurridas desde diciembre de 2015. Primero, asesinaron a tiros a Erick Chourio, un entrenador de caballos, quien al parecer era hermano de un expram de la antigua cárcel de Sabaneta”.
Al parecer, el expram responsabilizó a una banda rival, encabezada por “El Puchungo”, por la muerte de su pariente. “Eso originó varios ataques en los que que cayeron el pasado fin de semana Erduin Cepeda, de 29, y su padre Hermin Cepeda, de 61, quienes serían primo y tío, de “El Puchungo”.
Trascendió que padre e hijo también laboraban como administrador y coordinador del área de vigilancia en ejercicio del óvalo hípico. Los mataron en su casa, en Punta Iguana.
La afrenta de sangre también condujo a la muerte, el pasado miércoles, de José del Carmen Linares, de 42 años, ejecutado a manos de motorizados que lo sorprendieron en casa de sus padres en el sector Bicentenario de Santa Rita, y quien guardaba relación con la banda del expram.
Al igual que los Cepeda, Linares trabajaba como vigilante en el hípódromo, hasta que hace 20 días presentó su renuncia, al parecer motivado por el temor de ser alcanzado por la ola de violencia que reina dentro y fuera del coso hípico de la subregión. Cumplió 23 años de servicio.
Violencia que inició en 2012 cuando Oswaldo Ortega, pareja de la entonces alcaldesa de La Cañada, Maira Zamora, y su escolta Néstor Figueroa, fueron acribillados por cuatro hombres armados la noche del 18 de abril, durante la penúltima carrera del programa.
En enero de 2015, fue asesinado el caballerizo Deivis Bozo, saliendo de su trabajo en el óvalo.
Poco después del suceso de ayer, el INH anunció, a través de su cuenta en en Twitter, @OficialINH, que “las actividades en el Hipódromo Nacional de Santa Rita se encuentran suspendidas hasta nuevo aviso”.
Ayer se desplegaron unidades mixtas militares y de cuerpos policiales para iniciar las investigaciones que den con el pardero de los responsables de las muertes ejecutadas y relacionadas con el hipódromo de la COL. El hipódromo permanece cerrado.