“La mayoría de los templos sureños ha sido blanco del hampa”, sostuvo el sacerdote Leonardo López Quintero. Espera refuercen seguridad de cara a la fiesta patronal de octubre. “No aguantamos más. La delincuencia está desvalijando poco a poco la Basílica menor de San Francisco. Nos han dejado sin electricidad, sin aires acondicionados y han ido espantando a los feligreses”.
La angustia del párroco del templo Santísimo Cristo, Leonardo López Quintero, drena a través de la comunicación telefónica: “Los fieles han dejado de venir y no puedo quedarme de brazos cruzados. Lo más fácil sería irse, pero confiaron en mí para administrar la iglesia del Padre Vílchez y eso seguiré haciendo, pero necesito que las autoridades nos apoyen”.
La madrugada de ayer, los vándalos rompieron el vidrio de una ventana, forzaron una cerradura y volvieron a robar equipos de sonido. Los hampones han irrespetado el espacio eclesiástico innumerables veces desde mayo de 2014. Todos los robos, dice el sacerdote, “han sido reportados a la policía municipal y a la del Zulia”.
La situación se ha agravado: de robos a equipos, pasaron a atacar a los fieles. No se está tranquilo en los servicios. A la gente “han llegado a encañonar, en el estacionamiento de la iglesia y en la calle transversal esperan que se bajen de los carros para ir por cauchos o baterías”.
