En el sepelio de tres de los cuatro asesinados, la madrugada del martes en la Villa del Rosario, predominó la presencia de mujeres. Todas vestían de rojo y fueron quiénes cargaron los féretros con los cuerpos de Adriana Acosta Garcés y sus dos primos Daliel y Elvis Acosta, de 16 y 17 años.
Pedían justicia. Las mujeres cumplieron con rituales indígenas y, de camino al cementerio, llevaban un espejo que elevaban en dirección al sol y luego bajaban a los ataúdes. Según la creencia, “los asesinos se atormentarán, perderán la razón y los atrapará la ley muy pronto”.
Se llamaba Francisco Toro, de 37 años, y el cadáver fue llevado a Colombia por sus familiares. Los cuatro fueron torturados, maniatados, apuñalados y baleados. Las tesis que cobran fuerza son la venganza o crimen pasional.
Este miércoles, los familiares y la madre de Adriana señalaban como principales sospechosos de cometer el múltiple crimen a un hampón de apellido González y apodado “Cara Cortada” y al exmarido de la fallecida, Guillén. “Ellos mantenía negocios”, aseveraron a la prensa. “Fue mucho ensañamiento, no tuvieron compasión, este homicidio no debe quedar impune”, decían parientes camino a “Jardines de La Paz”.
Los familiares contenían las lágrimas, unos a otros se decían: “No lloren, tenemos que ser fuertes”. A Adriana sus familiares y maestros la recordaron como carismática e inteligente. Se graduó de maestra de preescolar y estaba dedicada al comercio. Vendía detergentes y pensaba irse a Panamá.
Hace varios meses se separó de Guillén, de 33 años y padre de su hija menor. “Él se mudo a la vivienda de su madre mientras que Adriana se quedó en su casa junto a sus hijos y sus dos primos quienes estaban con ella desde que perdieron a su padre en un accidente vial. Además de la niña, Adriana tenía otro hijo de 12 años”, dijeron.
Guillén, la noche del lunes llegó a buscar a su hija y sostuvo una discusión con Adriana y a la fuerza se llevó a su hija, informaron familiares. “Él desapareció”. La noche del martes, cicpc visitaron a la madre de Guillén para ser interrogado, pero no fue localizado.
Las últimas horas de Adriana transcurrieron con “El Cachaco”, según amigos de las víctimas habían salido a comprar pizza, luego regresaron a la vivienda donde se registró la masacre.
La escena del crimen fue dantesca: los dos primos quedaron en el piso, mientras que la joven estaba arrodillada con medio cuerpo en la cama, fue estrangulada con un cable y presentó una cortada en el cuello. A “El Cachaco” le dieron una golpiza y “le clavaron un palo de escoba en el pecho”. Le propinaron tres disparos.
