Sucesos

El círculo vicioso de la violencia intrafamiliar

Víctimas callan por temor. Una relación    en la que  reina la violencia  no es sana y por el contrario daña a terceros (hijos). Expertos invitan a denunciar.

El temor la invade… La paraliza. María  tapa su cara y se arrincona en una esquina de la habitación. Está agachada,  rogándole  a su esposo que pare de golpearla. El hombre no oye súplicas; al contrario la deja tendida en el piso con su nariz   fracturada y varios hematomas en el  cuerpo.

Esta es una dolorosa escena de violencia intrafamiliar o doméstica. El tema resulta preocupante para el público en general  y también para los expertos.

 La situación  se acentúa dentro y fuera del país. Son varios los casos que una mujer venezolana, que ha migrado a otra latitud,  ha resultado asesinada a manos de su marido. El más reciente caso sucedió en Colombia, donde la familia de la cañadera  Angelines Ferrer (38)  denunció al marido de haberle quitado la vida.

 Luis Eduardo Orozco, según la familia de la víctima,  le propinó una brutal golpiza estando embarazada de sus mellizos.  Aseguraron que el asesino es un tipo violento que en reiteradas oportunidades la maltrató física y verbalmente.

Los dos recién nacidos murieron, según lo denunciado los días  30 y 31 de enero pasado.

Para autoridades policiales y expertos, el mejor consejo para frenar este problema  es denunciar.

“Una denuncia a tiempo puede salvar la vida”, afirma un vocero policial  al tiempo  que sostiene  que las denuncias en  su despacho llueven todos los días. “A diario detenemos entre 4 y 5 maltratadores de mujeres y en un 95% son los esposos de las mismas mujeres”.

El informante agrega que en la mayoría de los casos no es la víctima quien hace la denuncia sino un familiar cercano o un vecino testigo de la agresión

“Cuando nos dirigimos al sitio para arrestar al responsable, comúnmente no oponen resistencia y confiesan lo que hicieron y en casos más preocupantes es la misma víctima quien nos pide casi suplicando que no nos lo llevemos preso”, revela  la fuente.

El informante invita a las víctimas a no tener miedo y a  denunciar al agresor. “Cualquier prefectura, comando policial o puesto de control de seguridad puede recibir la denuncia y puede actuar en la detención”.

Otro caso fuera de nuestras fronteras ocurrió en Chile, en junio pasado.

 A la zuliana  Anillette Soto (33) la mató, a puñaladas,  su esposo  Rigoberto Ruiz (36). Parientes  de la mujer  manifestaron en aquella oportunidad a PANORAMA que Anillette había intentado terminar la relación en varias oportunidades debido a que era víctima de violencia intrafamiliar.

El caso más reciente en el Zulia se registró el pasado 3 de enero. Heriberto Polo Villamizar (48) asesinó a su esposa Elena Esther Mendoza Bandera (30) a golpes y lanzó su cadáver al río Chama en en el municipio Colón. El  homicida  quedó detenido por  el Cpbez.

Para el psicólogo Diego Shortt,   la ideología machista de este tipo de hombres juega un papel determinante que desencadena la agresión y conduce a la tragedia.

“Los hombres físicamente son más fuertes que las mujeres,  pero el ego y el golpe a la autoestima los asusta. Es decir, si un hombre se siente amenazado porque su mujer podría finalizar la relación, en muchos casos ejerce la fuerza física y golpea a su pareja, que también,  en la mayoría de los casos es una mujer sumisa, callada y que justifica la agresión con cualquier excusa”.

De esta misma manera y aunque parezca difícil de creer, otro aspecto que  influye en este tipo de violencia tanto verbal como física es el temor del hombre a saberse sin la mujer en la vida.

“Psicológicamente –y no visto por ellos de esa manera, sino de manera natural —  piensan   que si la mujer no está, quién les lavará la ropa, hará la comida o se encargará de las tareas del hogar”.

Shortt agrega que en los últimos años el papel de la mujer en el campo de trabajo también juega un papel importante debido a que el rol se ha tornado igualitario para ambos sexos.

“Esto también representa una ‘amenaza´ para aquellos hombres que sienten que sus mujeres podrían desplazarlos en ciertos campos, porque el hombre de por sí sugiere niveles de superioridad. Creer que por ser más fuerte físicamente puede ejercer esa fuerza en contra de un ser más débil que él, en este caso la mujer”.

Shortt agrega que el perfil de la víctima no es difícil de descifrar: una mujer tímida, bastante sumisa, dedicada a las tareas del hogar y muy preocupada por las atenciones a su marido.

“Este tipo de mujeres no tienen distracción alguna, se enfocan en las labores del hogar, atender a los niños y hacer cosas que le gusta a su esposo;  poco habla con vecinos y evita conversar con hombres, bien sean desconocidos o hasta de la misma familia. Temen que su esposo se moleste por cualquiera de estas situaciones”.

Agrega que, al haber violencia, la mujer  por lo general viste suéter manga  larga, lleva  lentes y usa maquillaje algo  exagerado que disimule las huellas de los golpes.

No es una frase de telenovelas,  pero  si en alguna oportunidad le llegan a preguntar por un hematoma en el rostro  —por ejemplo—  suelta la típica frase: “Me golpeé con la puerta del baño o me caí por las escaleras”… pero no deja en mal a su pareja.

Una relación  de este tipo, en la que  reina la violencia intrafamiliar no es sana y por el contrario daña a terceros. Cuando hay hijos el tema es más preocupante, pues existen casos en donde los menores presencian el hecho. “Esto los vuelve niños inseguros, poco creen en las promesas y personas y por ende tras ser el espectador de esto pueden llegar a convertirse en maltratadores en el caso de los varones y mujeres sumisas en el caso de las hembras”.

Se da el caso, con frecuencia, de que la mujer termina perdonando al hombre y trata de justificarlo con características ‘positivas’ que tenga su pareja. “Mayormente siempre dice frases como: ‘El me pega, pero es porque yo no le hago caso’; o ‘El me pega pero   es un buen padre, trae la comida a la casa y paga todos los gastos”.

“Las mujeres no deberían permitir este tipo de situaciones, en primer lugar, por amor propio; y segundo, por los hijos, deben darles el ejemplo, sembrar seguridad, autoestima y enseñarles a poner límites. Toda persona merece respeto”, asegura el experto.

El sociólogo Carlos Rosendo  asegura que los antivalores en la sociedad   en un 90% contribuyen a que las mujeres permitan la agresión y no denuncien, permitiendo que se repita una y otra vez.

“Es importante resaltar que el miedo de las mujeres es brutal ante este tipo de casos, en realidad piensan que su marido puede llegar a matarlas o atentar contra la vida de sus propios hijos, porque estos hombres ejercen la presión psicológica al mismo tiempo que golpean”.

Shortt invita a las mujeres a bajo ninguna circunstancia permitir que sean golpeadas. “Si un hombre golpea a una mujer es por cobarde y si la mujer lo permite es por la misma razón”.

¿Qué puede hacer la mujer en estos casos? El especialista señala    que  el nivel de tolerancia de la víctima “deber ser cero”.

“Desde el primer momento en el que se produce la agresión física se debe buscar ayuda. Existen parejas que se perdonan y lo vuelven a intentar repitiendo la misma escena una y otra vez. Esa es la señal para abandonar la relación definitivamente”.

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