A una semana de asesinatos de la abogada y el taxista no hay detenidos Madre de la abogada rechaza posible vinculación de su yerno, Roger Velásquez, con el asesinato de su hija. “Quiero que el culpable sea capturado”, pidió.
“Kendry tenía su novia, estudiaba y trabajaba”
Abuelo del joven, de 21 años, negó que Kendry estuviera en malos pasos. “Tarde o temprano la verdad se va a descubrir, mi nieto era un buen muchacho”
Kendry Saúl Villasmil Durán, de 21 años, tenía sus objetivos claros: iba a trabajar como taxista hasta que se graduara de ingeniero en mantenimiento mecánico.
“Siempre le gustó reparar carros, me ayudaba desde pequeñito en el taller y con eso se ganaba el dinero. El carro Ford Del Rey que tenía, y por el que lo mataron, se lo ganó él sudando. Su tía se lo vendió fiado y Kendry se lo pagó poquito a poco”, contó Cosme Villasmil, abuelo paterno.
Al joven lo asesinaron, el pasado miércoles, cuando le hacía una “carrerita” en su carro a Yeni Carolina Medina Olivero. Ambos fueron encontrados muertos, el jueves, en una trilla del kilómetro 18 vía a Perijá.
“Kendry andaba en su taxi a toda hora. Pero como este semestre en la Unermb le tocaba de noche, iba solo a trabajar de día. No agarraba a clientes en la calle, siempre o se reportaba para la línea Dálmata o tenía sus clientes fijos”, expresó el abuelo.
En el sector Corazón de Jesús, de San Francisco se crió junto a sus dos hermanos menores de 17 y 19 años. En esa casa funciona un taller mecánico. Parientes dicen que a la la vivienda de sus padres se mudó hace unos cuatro años. La residencia familiar está al borde de la autopista 1.
“Él era el guía de sus hermanos, lo veían como un ejemplo a seguir, por sus ganas de ver la vida y seguir adelante”, dijo Cosme Villasmil.
Su afición por los estudios la combinaba por el gusto por el deporte. La familia aseguró que el joven practicaba béisbol y practicaba con el equipo de Sierra Maestra. “Era el catcher”.
Los vecinos del barrio coincidieron que Kendry era “un buen muchacho y no se metía con nadie”. No creen que andaba “en malos pasos”, como trascendió.
El abuelo negó que su nieto estuviera involucrado sentimentalmente con Yeni Medina. “Él tenía su novia y con ella andaba para todos lodos”.
Cosme Villasmil solo pide que se haga justicia y se esclarezca el doble homicidio. Dijo que no quería hacer conjeturas ni suposiciones sobre el crimen, prefiere dejárselo todo “ a manos de Dios y a los detectives de la policía científica”.
“Yo no sé lo que pasó la noche de los asesinatos. Pero lo que sí puedo asegurar es que Kendry no era delincuente y sus hermanos tampoco. Tarde o temprano se sabrá la verdad”.
“Róger amaba a Yeni con todas sus fuerzas”
Yeni Carolina Medina Olivero nunca pudo cumplir su anhelo de madre: traer al mundo a una niña. Dio a luz cinco veces y todos nacieron varones. Se separó del padre de sus primeros tres hijos cuando estaban pequeños, por lo que salió al frente, como una guerrera y fue mamá y papá al mismo tiempo.
La mujer, de 39 años, soñaba con ver a sus hijos —de 22 años, 19, 14, 4 y seis meses de nacido— graduarse en la universidad, pero ese deseo no lo cumplió. “La Chepa”, como le decían de cariño, fue asesinada la noche del pasado miércoles junto al taxista Kendry Villasmil.
“Siempre fue ejemplo para sus hijos”, comentó la madre Nereida de Medina. Yeni estudió agroecología y derecho en la Universidad Bolivariana de Venezuela. Iba a recibir su título como abogada, junto a su esposo y padre de sus dos últimos niños, Róger Velásquez, esta semana. Han pasado cuatro días del velorio, y en la casa 15-37, del sector Bolivariano, en el barrio El Manzanillo, de San Francisco, se respira el dolor, como si fuese el día en que encontraron el cadáver de Yeni.
La madre apenas puede hablar, mira al cielo y le pide fuerzas a Dios, antes de hablar sobre la segunda de sus tres hijos. No puede evitar llorar, era “la más consentida de las hembras”.
“Mi corazón no va a aguantar tanta tristeza. No tengo vida desde el miércoles pasado. Mi ‘Chepa’ era mi sustento; la hija que más me ayudaba porque vivía en Maracaibo y ganaba más dinero. Es egoísta decir que ya no quiero vivir más, pero me arrebataron un pedazo de mi alma”, expresó con tristeza.
En la misma vivienda donde se crió Yeni estaba, ayer, toda la familia reunida pidiendo justicia y esperando una respuesta policial. “Estoy consciente que mi hija no va a revivir, pero quiero que el culpable de este atroz crimen sea capturado”, sentenció la progenitora. Nereida de Medina dijo colocar “sus manos sobre el fuego” por el esposo de Yeni Carolina. “Róger la amaba con todas sus fuerzas, la adoraba y es ilógico pensar que él pudo haberle hecho algún tipo de daño, esa posibilidad jamás la he pensado, ni lo haré”.
El bebé de seis meses de nacido es cuidado por la abuela paterna y el niño de cuatro años aún no sabe que su mamá murió. “Mis nietos crecerán sin el calor de una madre, una injusticia cometida por unos desalmados”.