Los tres hombres ocultos en el patio trasero de la vivienda al parecer conocían bien la rutina de su víctima. A las 9:15 de la noche del pasado martes, como todos los días, Antonio Castro, de 36 años, llegó de su trabajo, como obrero en la tenería de Santa Rita (una fábrica donde curten pieles de animales), ubicada a unos 300 metros de su casa, en la calle La Línea del sector 5 de Julio, en el municipio Santa Rita, en la Costa Oriental del Lago. Al entrar, gatilleros lo emboscaron.
En medio de la oscuridad y los ladridos de perros vecinos, Castro ingresó al inmueble y fue directamente a la salida posterior y abrió la puerta del patio. En ese momento sonó el primer disparo.
“Los vecinos escucharon el tiro, en esa zona rural todo se oye en la noche… Cuando le dieron el primer tiro comenzó a gritar, a suplicar”, relató Marlenis García, hermana de Castro, a las afueras de la morgue del hospital de Cabimas.
“Chamo, no me mateis!”, gritaba una y otra vez el obrero, ante la amenaza del arma que le apuntaba. Poco le valió el ruego… Dos disparos más lo dejaron tendido entre el patio y la puerta.
Tres meses antes Antonio, a quien sus familiares llamaban “Pelón”, llegó a la casa que tenía al cuido. Un nueva relación pretendía borrar la “turbulenta separación de su anterior pareja”, a quien Castro ya había denunciado por acoso: “En diciembre, la mujer intentó quemar algo en la casa, o quemar la casa entera, nunca supimos bien el cuento, pero lo cierto fue que Pelón la denunció y le habían dado la razón…”
La expareja, una persona de mayor edad, fue citada por las autoridades civiles para firmar una orden de caución o medida de alejamiento, la que sus familiares desconocen si cumplía.
“Anoche (martes) los vecinos escucharon que los perros comenzaron a ladrar antes de las 9:00, Antonio trabajaba de 1:00 de la tarde hasta esa hora. Lo estaban esperando para cazarlo…” refirió otro de los allegados.
Sin embargo fue otra situación lo que más les intriga: “Cuando revisaron su celular, el historial tenía más de 400 llamadas perdidas, de dos números diferentes, ninguno estaba registrado pero debió ser para algo muy importante porque fueron muy insistentes. Tal vez lo estaban llamando para alertarlo…”
Las autoridades manejan el crimen como venganza, sin descartar ninguna otra hipótesis, entre ellas el móvil pasional.
“Investigamos todo el entorno de la víctima, sus familiares, su actual pareja y los registros de las llamadas perdidas para determinar la identidad de la o las personas que insistían en comunicarse con Castro”, reveló una fuente policial ligada al caso. Castro dejó un hijo.
El crimen ocurrió en la misma zona donde ocurrió un cuádruple homicidio en un estadio improvisado, el pasado 14 de febrero.