Los estudios disponibles no demuestran que la sauna alargue la vida: aunque una investigación con hombres finlandeses halló menores riesgos de muerte súbita y otras afecciones entre quienes la usaban con frecuencia, otros ensayos clínicos han arrojado resultados mixtos.
La asociación no demuestra que la sauna cause el beneficio
La cohorte KIHD siguió durante más de dos décadas a 2.315 hombres finlandeses de entre 42 y 60 años. Quienes acudían a la sauna entre cuatro y siete veces por semana tuvieron un riesgo de muerte súbita cardíaca 63% menor que quienes iban una vez por semana, según el estudio de la cohorte KIHD.
Otras cifras asociadas a esa investigación y a estudios relacionados señalan riesgos menores de demencia, ictus e hipertensión. Sin embargo, la asociación no permite concluir que la sauna haya causado esas diferencias. Una explicación posible es la causalidad inversa: las personas con problemas de salud podrían tolerar peor las sesiones frecuentes y, por tanto, acudir menos.
El calor exige que el sistema cardiovascular trabaje para disiparlo. Así, la frecuencia de uso también podría funcionar como un indicador de que una persona ya tiene mejor salud, en lugar de ser la causa de esa condición. La discusión sobre esta limitación aparece en el análisis de la causalidad inversa.





