Cambios fisiológicos y el impacto en la dermis
La perimenopausia, periodo que precede a la última menstruación, marca una etapa de transformaciones hormonales significativas que repercuten directamente en la salud cutánea. Según explica Ana Santamarina, experta en dermocosmética, la disminución de los niveles de estrógenos afecta la capacidad de la piel para retener agua, altera su grosor y compromete el mantenimiento del colágeno. Estos cambios no deben interpretarse como un envejecimiento prematuro, sino como una adaptación natural del organismo a una nueva etapa vital.
Las señales más frecuentes incluyen sequedad, tirantez, pérdida de elasticidad y una mayor sensibilidad. No obstante, es fundamental comprender que estos síntomas no son exclusivos de esta fase, por lo que el diagnóstico profesional resulta indispensable para descartar otras condiciones.

Estrategias para el cuidado integral y la rutina cosmética
Para abordar estas necesidades, la recomendación principal es buscar un acompañamiento médico integral, preferiblemente con especialistas en ginecología con experiencia en menopausia. El objetivo no es revertir el paso del tiempo, sino proporcionar a la piel los nutrientes necesarios para mantener su salud y confort en cada década.
En cuanto a la rutina cosmética, se sugiere la incorporación de fórmulas nutritivas ricas en lípidos que fortalezcan la barrera cutánea. El uso de retinoides, vitamina C y niacinamida puede contribuir a mejorar la textura y los signos del fotoenvejecimiento, siempre bajo una selección personalizada según la tolerancia individual. Asimismo, la protección solar constante sigue siendo un pilar innegociable para prevenir el daño acumulativo por radiación ultravioleta.




