La fragilidad del sistema sanitario venezolano, agravada por una década de carencias, ha dejado al país en una situación de vulnerabilidad extrema tras el doble sismo ocurrido el pasado 24 de junio. Un análisis publicado en la revista científica The Lancet advierte que la atención humanitaria necesaria para superar los estragos del desastre podría prolongarse por más de 24 meses.

Un sistema colapsado antes del desastre

A 113 días del evento sísmico, la capacidad de respuesta institucional sigue siendo limitada. Según un reporte publicado el 30 de junio por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), al menos 14 centros de salud sufrieron daños estructurales, mientras que más de 22 establecimientos carecían de insumos básicos para atender a la población afectada. La situación es crítica en estados como La Guaira, donde se ha reportado una escasez severa de personal médico, medicamentos y equipos.

La precariedad fue documentada por diversos medios, incluyendo The New York Times, que registró escenas de pacientes atendidos en el suelo ante la falta de camillas. A pesar de los esfuerzos de organizaciones como International Medical Corps, cuyo despliegue fue reseñado en el informe del 15 de octubre, la brecha asistencial persiste.

El riesgo epidemiológico y la falta de datos

La opacidad en la gestión de salud pública dificulta la contención de enfermedades. Aunque el Ministerio de Salud ofrece ciertos boletines, la ausencia de datos desagregados impide una respuesta eficiente ante el aumento de patologías vectoriales e inmunoprevenibles. Los expertos insisten en que la reconstrucción no debe limitarse a la reparación física de los hospitales, sino que requiere una inversión sostenida en vigilancia epidemiológica y formación de capital humano.

La magnitud del desafío financiero es considerable. Según proyecciones de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, el costo para restaurar la infraestructura y adaptar las instituciones a estándares internacionales asciende a cifras multimillonarias, un proceso que, según el estudio de The Lancet, exige una voluntad política transparente y sostenida.