La cultura de las dietas y el auge de las redes sociales han promovido durante años la idea de quemar la mayor cantidad posible de grasa corporal para conseguir un físico extremadamente fibroso y marcado. Sin embargo, a pesar de que el exceso plantea problemas sanitarios evidentes, los expertos advierten que tener muy poca grasa resulta perjudicial tanto desde el punto de vista biológico como social.

El tejido adiposo cumple funciones vitales en el organismo. Lejos de ser un simple almacén pasivo, actúa como un sistema especializado que acumula nutrientes en momentos de abundancia y los libera cuando son necesarios, un mecanismo heredado de la evolución para sobrevivir a periodos de escasez.

Funciones clave del tejido adiposo en el organismo

Una de las funciones más relevantes de las células adiposas es la comunicación endocrina. Estas células producen hormonas que regulan la saciedad y avisan al cerebro sobre el estado de las reservas energéticas. La leptina, por ejemplo, le indica al sistema nervioso central que existen suficientes recursos, lo que permite priorizar procesos biológicos fundamentales como la reproducción y la defensa frente a infecciones.

Además de la regulación hormonal, la grasa subcutánea actúa como una capa aislante para mantener la temperatura corporal, mientras que tejidos especializados como la grasa parda generan calor de forma directa. Cuando este equilibrio se rompe y los niveles descienden de forma drástica, el cuerpo entra en una situación de alerta.

Consecuencias físicas de un porcentaje mínimo de grasa

Una restricción calórica severa que reduzca en exceso el tejido adiposo provoca alteraciones profundas en los órganos. Al quedarse sin reservas, el organismo activa un modo de inanición: degrada la masa muscular, interrumpe la formación y reparación de los huesos, y debilita la función inmunitaria, dejando al cuerpo vulnerable ante infecciones graves.

En el ámbito reproductivo, las consecuencias también son evidentes. Los hombres con niveles extremadamente bajos pueden experimentar descensos en la testosterona, mientras que muchas deportistas con mínima grasa corporal sufren irregularidades menstruales o la desaparición temporal de la regla. En casos extremos, como en la anorexia nerviosa, el daño orgánico puede ser irreversible o mortal.

Para evaluar la composición corporal sin depender exclusivamente de métodos costosos como los escáneres DEXA, los especialistas recomiendan indicadores sencillos como la relación cintura-altura o la circunferencia abdominal, recordando que el objetivo principal debe ser mantener una cantidad adecuada de grasa y valorar el papel fundamental que esta cumple en la salud integral.