A principios del siglo XX, el médico alemán Paul Ehrlich imaginó una “bala mágica” contra el cáncer: un tratamiento capaz de reconocer la célula enferma, atacarla con precisión y no dañar el resto del cuerpo. Un siglo después, esa idea se materializa en los anticuerpos unidos a fármacos, o ADCs, que están cambiando el tratamiento del cáncer de mama.
De una idea teórica a un tratamiento real
Durante décadas faltaron las dos piezas necesarias para hacer posible esa estrategia: un elemento que localizara la célula tumoral y un medicamento lo bastante potente para destruirla. La quimioterapia aportó el fármaco, pero no la puntería. Esa precisión llegó con los anticuerpos, moléculas capaces de reconocer una diana concreta entre millones.
En 2000 se aprobó el primer anticuerpo unido a un fármaco, dirigido a un tipo de leucemia. En el cáncer de mama, el camino empezó por el HER2 positivo, un subtipo que crece rápido y se extiende con facilidad. Allí se descubrió una proteína muy abundante en la superficie de esas células, lo que abrió una diana útil para el tratamiento.
HER2, trastuzumab y la llegada del fármaco unido
Sobre esa diana se construyó en 1998 el trastuzumab, un anticuerpo capaz de reconocer HER2 y bloquear su función. Más tarde, cuando muchas pacientes dejaron de responder, la estrategia dio un paso más con el trastuzumab emtansina, aprobado en 2013, el primer ADC capaz de tratar con éxito un tumor sólido.
Después llegó el trastuzumab deruxtecan, aprobado en 2019, que amplió el uso de estos tratamientos también a mujeres con poca cantidad de HER2. Desde 2022, eso obligó a crear un nuevo grupo de pacientes con cáncer de mama: el HER2 bajo. En ese grupo, el tiempo sin avance de la enfermedad pasó de unos 5 a casi 10 meses, y la supervivencia global de 16,8 a 23,4 meses.
El avance también alcanzó al triple negativo
Otra de las grandes novedades llegó para el cáncer de mama triple negativo, uno de los más difíciles de tratar por carecer de dianas claras. Allí se detectó una mayor cantidad de la proteína TROP2, a partir de la cual se desarrolló el sacituzumab govitecan, aprobado en 2020.
Ese fármaco logró un 35% de respuestas frente al 5% de la quimioterapia habitual y supuso el primer avance relevante para ese grupo en más de veinte años. La misma diana también ha servido para desarrollar otro ADC que ya funciona mejor que la quimioterapia en mujeres con receptores hormonales positivos.
Más de 300 ADCs siguen en investigación
La investigación sigue creciendo gracias a la capacidad actual de leer miles de moléculas de una célula con una velocidad impensable hace pocos años. A eso se suma la ayuda de la inteligencia artificial para encontrar dianas nuevas y diseñar anticuerpos capaces de reconocer dos objetivos a la vez o de llevar dos fármacos distintos.
Hoy hay más de 300 ADCs en investigación. Aun así, no son tratamientos perfectos: pueden aparecer resistencias y algunos tumores aprenden a esconder la diana o a neutralizar el fármaco. Por eso, uno de los frentes más activos es combinarlos con inmunoterapia o alternarlos en el tiempo para mantener la presión sobre el tumor.