La resiliencia y la flexibilidad psicológica son dos cualidades fundamentales para la salud mental que permiten afrontar la presión cotidiana. Aunque estas capacidades pueden desarrollarse mediante terapia, una investigación reciente apunta a que ciertos hábitos diarios modifican positivamente la respuesta ante situaciones de tensión.

El impacto del sueño, la alimentación y el movimiento

Un equipo de científicos de la Universidad de Binghamton ha encuestado a un grupo de 400 estudiantes universitarios para comparar sus rutinas cotidianas con sus niveles de resiliencia y flexibilidad psicológica. Los resultados mostraron que los jóvenes con una actitud más constructiva ante los desafíos comparten pautas de vida muy determinadas.

Entre los factores determinantes destaca el descanso nocturno. Aquellos participantes que dormían menos de seis horas diarias evidenciaron un descenso marcado en sus indicadores de flexibilidad mental. En el plano nutricional, una dieta nutritiva sumada al consumo de suplementos como el aceite de pescado mostró una correlación favorable con estas características psicológicas.

Flexibilidad frente a rigidez ante los contratiempos

Mientras que la resiliencia se define como la capacidad de recuperarse tras una vivencia estresante, la flexibilidad psicológica implica reconocer las emociones y ajustar el pensamiento para tomar decisiones prácticas sin quedar bloqueado. Por el contrario, hábitos como el consumo frecuente de comida rápida y la falta de sueño incrementan la rigidez psicológica, limitando la resolución de conflictos.