La procrastinación crece y ya no puede leerse solo como falta de disciplina. El doctor Itamar Shatz, de la Universidad de Cambridge, la relaciona con nueve perfiles distintos y con efectos en las finanzas, la salud y las relaciones personales.

Nueve perfiles para entender por qué se posterga

En su libro Cómo superar la procrastinación: La ciencia de por qué posponemos las cosas y cómo (¡finalmente!) dejar de hacerlo, previsto para publicarse el próximo 25 de agosto, Shatz presenta nueve tipos de procrastinadores: preocupado, pesimista, perfeccionista, soñador, errático, rebelde, buscador de emociones fuertes, hedonista y agotado.

El especialista sostiene que reconocer el propio perfil es un paso clave para empezar a superar un comportamiento que, según advierte, afecta las finanzas, la salud y las relaciones de las personas.

También señala que la procrastinación puede aparecer en más de un tipo al mismo tiempo, por lo que no siempre responde a una sola causa ni a una sola forma de actuar.

Las distracciones digitales y el trabajo moderno empeoran el problema

Shatz afirma que la procrastinación es un problema humano ancestral, pero que hoy puede estar empeorando por el bombardeo constante de distracciones digitales. También apunta al trabajo moderno, porque muchas tareas resultan difíciles de abordar a nivel psicológico básico.

Según su explicación, antes las personas solían enfrentarse a obligaciones con consecuencias inmediatas y claras, mientras que ahora abundan tareas vagas con efectos futuros menos visibles, como enviar por correo electrónico formularios de impuestos a un contador.

El doctor también advierte que la procrastinación puede tener un costo alto en la vida cotidiana y profesional. Dice que puede dañar a organizaciones enteras y hasta a economías nacionales.

Cómo reducir la postergación sin caer en el perfeccionismo

Entre sus recomendaciones, Shatz pide a los perfeccionistas evitar la mentalidad de todo o nada y recordar que el progreso imperfecto sigue siendo progreso. También les sugiere dejar de lado expectativas poco realistas y no compararse con otros hasta caer en el miedo a la imperfección.

Para personas con TDAH, recomienda trabajar en un lugar con ruido ambiental y alejarse de ciertas distracciones, como los videojuegos. A los procrastinadores rebeldes les aconseja buscar sus propias razones para actuar, priorizar el autocuidado y modificar el entorno para sentir menos la presencia de figuras de autoridad.

El autor insiste en que combatir la procrastinación no consiste en exprimir cada minuto de productividad. Su planteamiento es más simple: hacer lo que se quiere, cuando se quiere, sin culpa ni estrés, y recuperar el control sobre el tiempo propio.

Shatz también advierte que la procrastinación puede afectar las relaciones, generar resentimiento en el trabajo y provocar discusiones familiares. Además, puede golpear el bienestar emocional y la salud física por el estrés, la vergüenza y la culpa que deja a su paso.