Investigadores del grupo Microfluidics Cluster de la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) desarrollaron un dispositivo microfluídico de papel capaz de detectar escopolamina —conocida como burundanga— en bebidas alcohólicas y no alcohólicas en apenas diez minutos. El prototipo, probado con éxito en diferentes matrices, permite identificar esta sustancia sin necesidad de instrumental de laboratorio, según el estudio publicado en la revista científica Talanta.

Un sistema basado en microfluídica y reacciones químicas

La escopolamina es un alcaloide tropánico con efectos sobre el sistema nervioso central que pueden provocar sedación, amnesia y alteraciones de la percepción. Su principal dificultad radica en que carece de color, olor y sabor, lo que la hace indetectable en bebidas adulteradas. Los investigadores vascos buscaban una solución portátil para realizar un primer análisis in situ, evitando los procedimientos analíticos convencionales que requieren instrumental especializado.

El dispositivo utiliza microfluídica, una tecnología que controla pequeñas cantidades de líquido sobre un soporte de celulosa. La muestra se desplaza por capilaridad, sin necesidad de bombas externas, y en su interior ocurre una reacción colorimétrica basada en tiocianato de cobalto. En condiciones ácidas, esta sustancia interactúa con la escopolamina y produce un cambio de color visible. «Se sumerge el dispositivo en la muestra durante unos segundos y en unos 10 minutos se puede observar el resultado a simple vista, sin necesidad de ningún otro tipo de detector», explicó Isabel Poves, autora principal de la investigación.

Pruebas en bebidas y plantas, pero aún en fase de prototipo

El sistema fue evaluado en diferentes matrices, incluyendo bebidas alcohólicas, no alcohólicas, muestras farmacéuticas y extractos de plantas como Datura stramonium y Atropa belladonna. Además, los investigadores exploraron la posibilidad de cuantificar el color mediante un teléfono móvil, lo que podría facilitar su uso en entornos no profesionales.

Sin embargo, la EHU advierte que se trata de un prototipo en fase de laboratorio que aún requiere mejoras. «Tenemos que seguir incorporando mejoras a estos dispositivos para optimizar los rangos de detección y los cambios de color», señalaron desde la universidad. Aunque los resultados respaldan su capacidad experimental, el dispositivo no sustituye los análisis toxicológicos y forenses confirmatorios en casos de sospecha de intoxicación o agresión.

El proyecto forma parte de una iniciativa más amplia liderada por Lourdes Basabe, cuyo equipo trabaja en adaptar reacciones químicas colorimétricas a la tecnología microfluídica. El objetivo es simplificar la detección de sustancias, abaratar costes y automatizar procesos. Previamente, el grupo desarrolló un dispositivo para detectar benzodiacepinas en bebidas adulteradas, publicado en Analytica Chimica Acta.

A largo plazo, el ambicioso plan busca que un mismo dispositivo pueda identificar el mayor número posible de sustancias utilizadas para adulterar bebidas, acercando el análisis al lugar y momento en que surge la sospecha.