Las altas temperaturas y las variaciones en los hábitos diarios pueden alterar el sistema digestivo durante el verano. La jefa del servicio de Aparato Digestivo del Hospital Quirónsalud Sur, Sonia García Vizuete, explica que la diarrea es frecuente en esta época y que la prioridad es evitar la deshidratación.
Por qué se dispara en vacaciones
Según la especialista, la diarrea consiste en un aumento de las deposiciones, de más de tres al día, con menor consistencia por una absorción insuficiente del agua en el intestino. Puede venir acompañada de náuseas, vómitos, dolor abdominal o pérdida de peso.
En verano, los virus intestinales son una de las causas más habituales y pueden afectar a varias personas de una misma familia por su alta capacidad de contagio. También pueden intervenir bacterias, como en la salmonelosis, o parásitos microscópicos como las amebas.
Estas infecciones suelen durar pocos días, aunque si el cuadro se prolonga durante semanas puede esconder una infección, una intolerancia alimentaria o un trastorno digestivo.
Cuándo pedir ayuda y qué hacer
García Vizuete advierte de que la complicación más grave es la deshidratación, especialmente en niños, personas mayores y pacientes inmunodeprimidos. Los signos de alarma incluyen sed intensa, boca seca, cansancio, mareos, calambres musculares y menos orina o más concentrada.
La consulta médica se recomienda si la diarrea afecta a niños pequeños o personas ancianas, si hay vómitos persistentes, fiebre por encima de 38 grados, sangre en las heces o si el cuadro dura más de tres o cuatro días.
Para la recuperación, la especialista aconseja reponer líquidos con agua, suero oral, caldos o infusiones, guardar reposo y no alargar la llamada dieta blanda más de tres o cuatro días. También desaconseja automedicarse con antidiarreicos o antibióticos sin indicación médica.
