El protector solar dejó de ser un producto reservado para el verano y cada vez más personas lo incluyen en su rutina diaria de cuidado facial. La…
El protector solar dejó de ser un producto reservado para el verano y cada vez más personas lo incluyen en su rutina diaria de cuidado facial. La fotoprotección es una de las herramientas más eficaces para prevenir el envejecimiento prematuro y proteger la salud de la piel a largo plazo, pero todavía persisten ideas erróneas sobre su uso. Mar Santamaria, responsable de Atención Farmacéutica de PromoFarma, aclara algunos de los mitos más extendidos y resume las pautas básicas para proteger la piel de forma adecuada.
1. Ningún protector solar bloquea el sol al 100%
Aunque suele hablarse de “pantalla total”, ningún fotoprotector impide por completo el paso de la radiación solar. Todos dejan pasar una pequeña parte de los rayos ultravioleta.
Los protectores no funcionan como una barrera impenetrable, sino como un filtro que reduce la exposición. Por eso, elegir el factor de protección solar más alto no convierte a nadie en invulnerable frente al sol.
El SPF indica cuánto tarda la piel en quemarse por la radiación UVB en comparación con el tiempo que tardaría sin protección. Sin embargo, su eficacia no se mantiene intacta durante todo el día. El sudor, el agua, la fricción de la ropa o el uso de toallas van reduciendo progresivamente la protección, por lo que conviene reaplicar el fotoprotector en todo el cuerpo cada dos horas. Además, deben mantenerse otras medidas de cuidado, como evitar las horas centrales de mayor radiación, buscar sombra y usar sombrero y gafas de sol.
2. Tener la piel morena no elimina la necesidad de usar protector
El bronceado no protege del sol. Se trata de una respuesta biológica de la piel ante la agresión provocada por la radiación ultravioleta. Aunque una piel morena puede tardar más en mostrar signos visibles de quemadura, sigue expuesta al fotoenvejecimiento, a la aparición de manchas y al riesgo de cáncer de piel.
El melanoma no distingue por fototipo, por lo que las recomendaciones de fotoprotección deben mantenerse sin importar el tono de piel ni el grado de bronceado. Eso incluye usar protector solar, reaplicarlo con frecuencia y evitar los momentos de mayor intensidad solar.
3. La vitamina D no depende de exponerse sin protección
Uno de los argumentos más repetidos para no usar protector solar es la supuesta necesidad de recibir sol directo para sintetizar vitamina D. Sin embargo, como los filtros solares no bloquean por completo la radiación, permiten que la piel reciba la exposición necesaria para ese proceso.
Además, no existe evidencia de que la piel genere una resistencia progresiva al sol. El llamado “callo solar” no cuenta con respaldo científico actual y el daño causado por la radiación se acumula con el tiempo.
4. La luz azul no proviene solo de las pantallas
La luz azul suele asociarse a teléfonos móviles, computadoras y otros dispositivos digitales, pero el sol también emite este tipo de radiación, y en cantidades importantes.
A largo plazo, la exposición a la luz azul puede contribuir al envejecimiento prematuro, la aparición de manchas y el daño celular. Por eso, se recomienda utilizar protectores solares que, además de cubrir la radiación UVA y UVB, también protejan frente a esa franja de luz azul.
5. Los protectores solares no son nocivos por sí mismos
La idea de que los protectores solares son dañinos para la salud es uno de los mitos más persistentes y preocupantes en torno a la fotoprotección, porque puede llevar a conductas de exposición al sol poco saludables.
Lo que sí está respaldado por la evidencia científica es el daño que provoca una exposición excesiva al sol y su relación con el cáncer de piel. Frente a eso, la recomendación es mantener hábitos responsables: evitar excesos, no exponerse a quemaduras solares y cuidar de forma constante la salud cutánea.