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Cardiopatía isquémica: así se detectan sus síntomas y factores de riesgo

La cardiopatía isquémica es una de las principales causas de muerte en España y en el mundo. Esta enfermedad aparece cuando la arteriosclerosis afecta a…

Cardiopatía isquémica: así se detectan sus síntomas y factores de riesgo

La cardiopatía isquémica es una de las principales causas de muerte en España y en el mundo. Esta enfermedad aparece cuando la arteriosclerosis afecta a las arterias coronarias, que son las encargadas de llevar sangre al miocardio. Como consecuencia, esos vasos se estrechan o se obstruyen, el flujo sanguíneo se dificulta y el corazón recibe menos oxígeno, lo que termina dañando el músculo cardíaco.

Cómo se desarrolla y qué formas puede adoptar

La aterosclerosis coronaria progresa de manera lenta y, en sus etapas iniciales, puede no dar señales. Con el paso del tiempo, la acumulación de colesterol en el interior de las arterias las vuelve más rígidas y puede bloquearlas de forma parcial o total. La cardiopatía isquémica puede presentarse como síndrome coronario agudo con elevación del ST, también conocido como infarto agudo de miocardio; síndrome coronario agudo sin elevación del ST, identificado como angina inestable; o angina de pecho estable.

Para el diagnóstico y la valoración de pacientes con cardiopatía isquémica o con sospecha de padecerla, el Hospital Universitario Quirónsalud Valle del Henares dispone de la resonancia cardíaca de perfusión, también llamada resonancia de estrés, una prueba de imagen no invasiva, según explica la Dra. Teresa Alvarado Casas, de la Unidad de imagen cardíaca avanzada.

Qué aporta la resonancia cardíaca de perfusión

La resonancia cardíaca de perfusión es una técnica respaldada por amplia evidencia científica. Ofrece alta sensibilidad y especificidad para diagnosticar enfermedad coronaria significativa y medir su impacto sobre el músculo del corazón. Además de detectar isquemia, permite conocer la anatomía, la función y la presencia de cicatrices cardíacas.

Se trata de una prueba de gran calidad de imagen y sin necesidad de radiación, por lo que cada vez gana más espacio como referencia para detectar falta de riego del corazón. Para realizarla, se administra por vía venosa un agente vasodilatador, regadenoson, seguido de contraste de gadolinio, y luego se obtienen las imágenes por resonancia para identificar defectos de riego miocárdico. La especialista señala que esta herramienta permite orientar el diagnóstico y, en algunos casos, evitar la necesidad de un cateterismo cardíaco.

La Dra. Alvarado destaca que es una prueba segura, con muy pocas contraindicaciones y una elevada precisión diagnóstica. Sin embargo, al requerir equipamiento técnico específico, su disponibilidad es limitada y no todos los centros cuentan con ella.

Factores de riesgo, prevención y signos de alarma

Entre los factores que aumentan la probabilidad de desarrollar cardiopatía isquémica figuran la edad avanzada, el sexo masculino —aunque el riesgo en las mujeres sube de forma importante después de la menopausia—, el tabaquismo, la diabetes, la obesidad, la hipertensión arterial, el colesterol, el sedentarismo y los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular.

La enfermedad puede evolucionar hacia complicaciones graves como arritmias cardíacas, que alteran el ritmo normal del corazón, e insuficiencia cardíaca, cuando el órgano pierde capacidad para bombear sangre de manera eficaz al resto del cuerpo. Por eso, además del tratamiento, la prevención resulta fundamental y se basa en hábitos de vida saludables y en el control de los factores de riesgo cardiovascular.

Las recomendaciones incluyen mantener una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras y alimentos de origen vegetal; realizar actividad física de manera regular y moderada; evitar el tabaco; y cumplir con controles médicos periódicos para detectar y tratar a tiempo los factores de riesgo.

Reconocer los síntomas de alarma también es clave. Uno de los más importantes es el dolor opresivo en el pecho, que suele sentirse como presión en el centro del tórax y puede extenderse a los brazos, la espalda, el cuello o la mandíbula. También debe prestarse atención a la falta de aire repentina, incluso en reposo o con esfuerzos leves, así como a las palpitaciones intensas acompañadas de sudoración, náuseas, vómitos, malestar general, ansiedad y debilidad. Ante cualquiera de estas señales, la Dra. Teresa Alvarado Casas recomienda solicitar asistencia médica inmediata, porque una actuación rápida puede reducir el daño cardíaco y mejorar el pronóstico del paciente.

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