Durante años se creyó que el ejercicio solo “contaba” si se hacía en bloques largos o dentro de una rutina de gimnasio. Ese criterio cambió con las guías de la OMS de 2020, que eliminaron el umbral mínimo de 10 minutos seguidos y dejaron una idea más simple: cada minuto de actividad suma.
La caminata continua marcó diferencias en sedentarios
En personas sedentarias o poco activas, sin embargo, no toda caminata parece ofrecer el mismo efecto. Un estudio español analizó a más de 33.000 adultos del UK Biobank que daban 8.000 pasos o menos al día y halló que el riesgo de eventos cardiovasculares bajaba según la manera de agrupar esos pasos.
La incidencia fue del 13% en quienes caminaban en tramos de menos de cinco minutos y descendió al 4,4% en quienes acumulaban la mayoría de sus pasos en tramos de 15 minutos o más. En ese grupo, la continuidad de la caminata pareció tener más peso que la suma dispersa de pasos.
El ritmo y la fuerza siguen siendo decisivos
No basta con moverse: también importa la intensidad. Caminar de forma muy lenta no equivale a una actividad cardiovascular útil, aunque se prolongue durante una hora. Un estudio publicado en 2022 concluyó que los 5 km/h son un umbral práctico para identificar una caminata de intensidad moderada en adultos.





