Claves
- —En colmados, heladerías y pequeños negocios del Gran Santo Domingo, los clientes compran detrás de verjas y mallas metálicas.
- —Yeison De León dijo que su colmado en Los Jardines del Norte fue atracado en tres ocasiones.
- —Un comerciante de la calle Luxemburgo aseguró que ha gastado más de 50,000 pesos en hierros para protegerse.
En colmados, heladerías y otros pequeños negocios de barrios del Gran Santo Domingo, los clientes ya no entran del todo: piden, pagan y reciben la mercancía detrás de verjas y mallas metálicas instaladas para reducir el riesgo de atracos.
La medida no es nueva, pero los comerciantes consultados aseguran que sigue siendo necesaria. Algunos han reforzado sus locales con nuevas barreras y cámaras de vigilancia; otros han recortado horarios y mantienen las puertas cerradas la mayor parte del tiempo.

Negocios que atienden tras rejas
Yeison De León mantiene cerrada casi todo el tiempo la puerta de su colmado en Los Jardines del Norte, después de que el negocio fuera atracado en tres ocasiones. En el último asalto, dos hombres llegaron hasta el interior del local mientras despachaba un pedido junto a un repartidor.
El comerciante sostuvo que la zona se mantiene calmada, pero insistió en que quienes tienen negocios han tenido que buscar sus propios mecanismos de prevención. También señaló que las cámaras les permiten revisar el video para identificar a quien intente un asalto.
Entre esas medidas, dijo, está la reducción del horario: su colmado termina el servicio alrededor de las 9:00 de la noche.
El costo de protegerse

La preocupación se repite en otros sectores. En una heladería de La Esperanza, en San Isidro, y en los Jardines de Alma Rosa, detrás de la Villa Olímpica de Santo Domingo Este, los negociantes coinciden en que los atracos mantienen en zozobra a sus zonas.
En el Colmado González, una de las prácticas que más les alerta es la compra de desconocidos que piden un artículo barato y pretenden pagarlo con un billete de alto valor. Según explicaron, mientras el dependiente busca el cambio o cuenta el dinero, el supuesto cliente aprovecha el descuido para perpetrar el asalto.
Otro comerciante de la calle Luxemburgo, también en Jardines del Norte, contó que la seguridad de su negocio le ha costado más de 50,000 pesos en hierros. Dijo además que solo una parte de las rejas le costó 12,000 pesos.
“Imagínate, uno pone esto para resguardarse. A veces te viene gente que no es de aquí y le digo de lejos: ‘Dígame qué quiere’. Te piden un refresco y te dan dos mil pesos. Ni me acerco, le digo que no tengo”, relató una señora que prefirió no identificarse.
En ese mismo local, la atención ocurre a través de barrotes que funcionan como mostrador. La escena, repetida en varios puntos del Gran Santo Domingo, resume cómo los comerciantes han reconfigurado la venta diaria para seguir operando sin abrirse por completo a la calle.




