El impacto operativo en la faena diaria
En el estado Zulia, la labor pesquera se ha convertido en una carrera de obstáculos. Mientras el país intenta retomar su capacidad exportadora de hidrocarburos, quienes dependen del Lago de Maracaibo enfrentan las consecuencias directas de una infraestructura petrolera deteriorada tras años de falta de inversión. Los pescadores denuncian que la presencia de crudo en las aguas no solo contamina sus herramientas, sino que los obliga a desplazarse a zonas más alejadas de la costa para proteger sus redes.
La situación se complica por la precariedad de los servicios básicos. Los cortes eléctricos, que alcanzan entre seis y siete horas diarias, impiden la conservación adecuada de la pesca. Ante la falta de refrigeración, los trabajadores deben recurrir a la compra constante de hielo para evitar la pérdida de sus productos, sumando una carga económica adicional a una actividad ya golpeada por la contaminación.
Daños ambientales y el colapso de la infraestructura
La magnitud del problema es alarmante. Según datos de la Fundación Azul Ambientalistas, al menos seis municipios en el estado Zulia presentan afectaciones graves. Se han contabilizado 36 tuberías rotas que han dejado más de 10 kilómetros de costa cubiertos de petróleo, una situación que, según el director de la organización, Yohan Flores, ha escalado significativamente en 2026 debido al aumento de la actividad extractiva sin el mantenimiento preventivo necesario.
La crisis de los derrames no es un fenómeno nuevo, pero su frecuencia y volumen actual reflejan el estado crítico de las instalaciones. La combinación de tuberías colapsadas y fugas de gas mantiene en vilo a las comunidades costeras, que ven cómo su principal fuente de subsistencia se degrada en medio de una reactivación industrial que, hasta ahora, no ha garantizado la protección de los ecosistemas ni de quienes viven de ellos.



