El plátano, uno de los alimentos más presentes en la mesa zuliana, atraviesa un fuerte encarecimiento en Maracaibo. El rubro, que durante años funcionó como una opción accesible para resolver una comida, ahora registra aumentos constantes por unidad y por kilo, en medio de la inflación, la especulación en el comercio informal y mayores costos de producción y traslado.

De acuerdo con el precio a puerta de finca fijado por la Fundación para el Mejoramiento del Plátano en Venezuela, el kilo de primera calidad se ubica en 1,05 dólares. Sin embargo, el precio final en los mercados se aleja de esa referencia debido a las bajas producciones registradas desde finales del año pasado, lo que redujo la oferta disponible en la cadena de comercialización.

El plátano se encarece en Maracaibo y ya pesa en la mesa

Las lluvias presionan el mercado

Las fuertes lluvias e inundaciones en la cuenca del Sur del Lago, una zona que abastece gran parte del consumo nacional, también impactaron las cotizaciones en los principales centros de acopio y distribución de Maracaibo, entre ellos Las Pulgas, Los Plataneros y La Curva de Molina. El traslado del fruto desde esa zona productora encarece aún más el costo final para los compradores.

El plátano se encarece en Maracaibo y ya pesa en la mesa

En el estado Zulia, el plátano forma parte de la dieta cotidiana y de la identidad culinaria regional. Durante años fue visto como un sustituto del pan y un acompañante básico en distintas comidas, pero ahora su presencia en la mesa exige un esfuerzo mayor para muchas familias. El clásico plato de plátano con queso, por ejemplo, dejó de ser una opción sencilla para buena parte de los hogares.

La escalada de precios también golpea a los llamados “rebuscos”, los frutos pequeños o con deterioro que suelen venderse en los mercados populares como alternativa para los hogares de menores ingresos. Incluso esos productos, que antes representaban una salida más barata, hoy se consiguen a precios que siguen siendo difíciles de asumir para muchas personas. En los mesones y tramos de los mercados, el plátano continúa disponible, pero cada vez se siente más distante del bolsillo zuliano.