Política y Economía

La introducción del bolívar soberano y su impacto en la economía venezolana

La sociedad venezolana lleva sumida en una de las peores crisis de su historia desde principios de 2013. La crítica situación afecta el país a todos los niveles, pero sobre todo a nivel político, económico y social. En estos últimos años, Venezuela ha visto aumentar el desempleo, la corrupción, la tensión en las calles y la migración a otros países, aunque una de las consecuencias más alarmantes ha sido la imparable inflación de su moneda.

De hecho, la hiperinflación que empezó en noviembre de 2017 y que todavía sigue afectando la economía del país es considerada la peor de toda la historia americana. El presidente Nicolás Maduro ganó las elecciones generales en abril de 2013 y, desde que asumió el cargo de mandatario del país, ya ha acumulado una inflación que superaba los 5.000 millones por ciento el pasado mes de marzo.

Para salvar la economía venezolana, Maduro presentó un plan de ajuste con medidas que tenían por objetivo devolverla al estado anterior a la crisis. Entre ellas encontramos la reconversión del bolívar, la moneda nacional, y la creación de la criptomoneda Petro, aunque ninguna de ellas fue bien aceptada por la ciudadanía en su día.

Sin embargo, a pesar de la reacción a la introducción del Petro, la popularidad de las criptomonedas en esta región es indudable, con el extendido uso de criptomonedas como Bitcoin, Ethereum y Ripple en varios países, incluyendo a Venezuela. A los usuarios latinoamericanos les gusta las criptomonedas dado que ofrecen a través de plataformas como eToro. Con la oportunidad de abrir una cuenta fácilmente, además de información sobre acciones de varios mercados y la oportunidad de invertir en ellas, tiene cada vez más sentido usar eToro para una inversión segura. Además de disponer de todas las funciones que solemos ver en este tipo de plataformas, eToro añade un aspecto social a la experiencia de invertir. A través del sitio se puede hablar con otros inversores, seguir su portafolio e incluso copiar sus inversiones.

El tiempo les ha terminado dando la razón a aquellos que desconfiaban en su efectividad. La inflación no para de crecer, por lo que parece fácil concluir que el programa anunciado en agosto de 2018 no ha conseguido estabilizar la economía, o por lo menos aminorar el impacto de la crisis en Venezuela.

El régimen acusaba a actores internacionales de la situación en su país, pero, sea esto cierto o no, es innegable que los salarios siguen cayendo mientras que los precios aumentan de forma incontrolada. Los ingresos por la industria del petróleo, la gran fuente económica histórica de Venezuela, tampoco paran de caer.

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¿Pero ha tenido el bolívar soberano y el Petro algún impacto en la economía venezolana? Vamos a empezar por la moneda tradicional de curso legal actual. El bolívar, o Bolívar Soberano, entró en circulación el 20 de agosto de 2018, cuando se aplicó una reconversión a la moneda venezolana y reemplazó el Bolívar Fuerte, vigente desde enero de 2008. Se trata del tercer cono monetario del bolívar, habiéndose producido el primero entre 1879 y 2007.

En un principio, y como ya ocurrió con el primer bolívar y el Bolívar Fuerte, los conos monetarios del Bolívar Soberano y el Bolívar Fuerte convivirán durante un tiempo. La entre uno y otro es que el Bolívar Soberano supuso la eliminación de cinco ceros del Bolívar Fuerte, una decisión que se tomó debido a las elevadas cifras a las que se llegó por culpa de la inflación. Lógicamente, también hay diferencias físicas en las monedas y los billetes, aunque a efectos prácticos eso solo significa que los venezolanos y las venezolanas tienen que adaptarse.

El gobierno de Nicolás Maduro no tardó en calificar la entrada en vigor del nuevo bolívar como un éxito, pero eso no llevó a la ciudadanía a dejar de ver la iniciativa con incertidumbre y desconfianza. Y es que debe costar mirar tu cuenta bancaria con optimismo cuando pasa, por ejemplo, de 28.567.463,43 a 285,67 de un día a otro y los precios de las necesidades básicas no paran de subir.

Se calcula que la hiperinflación empezó en 2016, cuando la tasa de inflación interanual era del 800%. Durante los dos años siguientes, esta tasa subió hasta un 1.698.488% en 2018, y el cambio de moneda desde el Bólivar Fuerte al Bólivar Soberano no ha parado esta hiperinflación.

Basta con mirar las cifras de la hiperinflación año y medio después para darse cuenta de que, por lo menos, esta transformación no ha sido positiva. Tampoco han ayudado otras medidas del plan económico como son la fijación del salario mínimo en 1.800 bolívares soberanos o medio Petro.

Uno de los de esta medida es que el bolívar sigue anclado a un activo que crea desconfianza, dentro y fuera del país, lo que ya de por sí no le augura el éxito. Al mismo tiempo, como decíamos, no ayuda para la ciudadanía sea difícil acostumbrarse al cambio. Aunque esto no es extraño de cualquier cambio de moneda (pasó también con el euro en Europa), no puede pedírsele a la población que además reduzca sus gastos cuando el gobierno no hace lo mismo.

No obstante, con tiempo uno puede llegar a adaptarse a las nuevas cifras y de buen seguro que a los venezolanos ya se les hace menos complicado que cuando entró en circulación el pasado mes de agosto. Además, a la larga entenderán el beneficio de tener muchos menos ceros en las cifras que manejan diariamente. Tener que hablar en millones y billones puede llevar a muchas confusiones.

Si ponemos en una balanza los pros y los contras, vemos que los contras han ganado en este caso la batalla y no han ayudado a la recuperación económica del país. El se explica, por un lado, por la caída en picado de su valor tras su reconversión, habiendo perdido el 95 % de su valorización. Además, como hemos dicho al principio, la inflación ha seguido creciendo y tras un año de su entrada en circulación todo se había encarecido un 20.000 %.

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Otra medida tomada por el gobierno de Maduro como parte de su plan económico fue la creación del Petro, la primera criptomoneda nacional apoyada por las reservas de petróleo y otras materias primas del país. El régimen chavista aseguró que vincularlo a un sector de tanta relevancia histórica como el petrolífero ayudaría a volver a la economía anterior a la crisis. Además de no haberlo conseguido, Maduro se ha ganado todavía más la desconfianza de los venezolanos, que lo ven más bien como una estrategia para tapar la corrupción del estado.

Así, parece claro que Maduro tiene que cambiar sus estrategias si quiere salvar Venezuela de la dura crisis económica, política y social en la que entró hace varios años. La hiperinflación es especialmente preocupante porque sus consecuencias afectan el país a todos los niveles. El futuro no podría ser más desalentador, con un empobrecimiento generalizado y un desplomo de los salarios que todavía será peor.

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