Baltazar Porras, cardenal de Venezuela. “Esa aparente desconfianza y falta de credibilidad de no moverse por parte de la población no es porque está dormida, porque no entiende, porque está comprada por unos u otros, sino que no está en el
Baltazar Porras, cardenal de Venezuela. “Esa aparente desconfianza y falta de credibilidad de no moverse por parte de la población no es porque está dormida, porque no entiende, porque está comprada por unos u otros, sino que no está en el centro”.
El cardenal Baltazar Porras tiene claro que no pocos sectores del país creen que “el papa Francisco no se ocupa, no se preocupa, no conoce la situación de lo que está pasando en Venezuela y eso en absoluto es así”.
«Lo que sí es cierto es la sincronía total entre el Vaticano y el Papa en concreto, recordemos que él es latinoamericano y que su relación personal como arzobispo como jesuita y por su trabajo en el Celam, el Consejo Episcopal Latinoamericano, durante muchos años por supuesto que siente también esta Patria grande como la suya».
Entrevistado por PANORAMA para su especial del 106 aniversario, Voces por un país distinto, Porras advierte que “esa aparente desconfianza y falta de credibilidad de no moverse por parte de la población no es porque está dormida, porque no entiende, porque está comprada por unos u otros, sino que no está en el centro”.
Vea la entrevista con el cardenal Balatzar Porras:
A escasos días de las parlamentarias del 6-D y de la consulta opositora del 12-D, Porras, arzobispo de Mérida y administrador apostólico de Caracas, interpreta que “tener dos procesos de consulta simultánea, de espaldas el uno al otro no puede ser la solución que satisfaga a todos los venezolanos y que abra el camino del entendimiento”.
— ¿Qué rol está llamado a jugar la Iglesia en la pospandemia, en lo social y lo político?
— El papel de la Iglesia en la pospandemia va en la línea en que el papa Francisco nos ha pedido, hay que tener claro que la pospandemia no puede ser volver atrás y que será mejor o peor en la medida en que podamos corregir los daños que han quedado al descubierto en la pandemia, todo lo que era como la ilusión de que estábamos viviendo bien en el plano ecológico, en la naturaleza, en el plano antropológico, en el trato con las personas y en eso hemos estado empeñados.
Desde ya los programas que hemos llevado adelante en la pandemia han sido un rodaje en el que, gracias a Dios, hemos contado con la participación de muchísima más gente de la que podíamos pensar, tanto en el uso de los medios como en los distintos programas sociales que tienen una perspectiva muy importante, no es solo ser asistencial, no es asistencialismo que es uno de los principios de Caritas Internacional y las formas de pastoral social de la Iglesia, tiene que ser promocional, no solo para quien recibe, sino también para quien ejecuta y lleva adelante esos programas porque si no nos volvemos unos dadores de favores para el que tiene menos que nosotros y la experiencia lo que nos dice es que los que más se enriquecen somos nosotros los que podemos estar llevando adelante cualquier tipo de programa social no solo porque hay unos recursos económicos y humanos, sino sobre todo por el contacto con las personas que nos hacen sentir muy de cerca sus necesidades, lo que son sus preocupaciones y lo que son también sus éxitos porque la generosidad de nuestra gente está a flor de piel.
—¿Qué papel puede jugar el papa Francisco desde el Vaticano para que en el caso venezolano pueda acercar a las partes en el conflicto político venezolano?
— En primer lugar, una cosa que tiene que quedar bien claro es que estamos en completa sintonía tanto el Episcopado y las distintas instancias de la Iglesia en Venezuela con el Vaticano y con el Papa, en particular. Él no solo apoya sino que alienta lo que llevamos adelante, dentro de su concepción cada uno juega su rol y nos ha puesto aquí no solamente para que le digamos lo que él tiene que hacer.
Creo que debe quedar muy claro porque hay su aprensiones en varios sectores de Venezuela de que el Papa no se ocupa, no se preocupa, no conoce la situación de lo que está pasando en Venezuela y eso en absoluto es así, lo que pasa es que nos han acostumbrado en las última décadas a que todo se tiene que arreglar es mediáticamente y todo tiene que anunciarse como quien está vendiendo algún producto, no es que estemos con el secretismo, pero hay cosas que debemos hacer en las sombras para que puedan rendir el efecto buscado a instancias internacionales y también a la animación de las instancias nacionales, en medio de las muchas limitaciones que tenemos porque hay que estar muy claros de que los ámbitos de libertad y de acción de los venezolanos en el país no son tan fáciles y todo lo que es la amenaza, el miedo y la represión están muy presentes, esto requiere actuar con coraje, pero con suficiente prudencia buscando siempre una solución que sea pacífica y concertada, no puede ser la imposición de una parte sobre la otra, ni puede ser la búsqueda de la violencia o de la guerra la que venga a querer solucionar el problema porque son más las heridas las que quedarían.
Lo que sí es cierto es la sincronía total entre el Vaticano y el Papa en concreto, recordemos que él es latinoamericano y que su relación personal como arzobispo como jesuita y por su trabajo en el Celam, el Consejo Episcopal Latinoamericano, durante muchos años por supuesto que siente también esta Patria grande como la suya.
— ¿Aquí hay dos caminos, el del Gobierno hacia el 6-D, la oposición con el 12-D, pero más allá de esos caminos qué?
— Una de las preocupaciones grandes que tenemos es esa, lo señala muy bien el Papa en la última encíclica Fratelli Tutti, no puede ser el enfrentamiento, ni el desconocimiento del uno y del otro, hay que decirlo con toda franqueza, que tener dos procesos de consulta simultánea, de espaldas el uno al otro no puede ser la solución que satisfaga a todos los venezolanos y que abra el camino del entendimiento.
La búsqueda del diálogo, de la negociación del entendimiento sabemos que son palabras que suenan muy mal en Venezuela y que pareciera que lo tildan a uno de que está vendido, de estar comprado es necesario un diálogo con transparencia y que tiene que ser no de cómo nos repartimos una cuota de poder, un grupo u otro, sino que tiene que estar es la gente y sobre todo los más vulnerables, es lo que siempre nos ha señalado el Papa que en el centro de de las cosas no podemos poner lo que tradicionalmente hacemos, que es el poder, si no los que están al margen del camino que tienen que ser el primer objeto de atención de todos los sectores de la sociedad y que ciertamente de parte de la Iglesia nuestra mayor preocupación tiene que ser esa.
— ¿Las élites políticas están en sintonía con el sufrimiento de la gente?
— Es una de las grandes interrogantes y, ciertamente, hay que exigir más y más porque esa aparente desconfianza y falta de credibilidad de no moverse por parte de la población no es porque está dormida, porque no entiende, porque está comprada por unos u otros, sino que no está en el centro, unos y otros lo que quieren es simplemente que sigan lo que ellos dicen y hay que oír a la gente desde los sectores populares a todos los gremios.
No hay un clima de mayor libertad y de búsqueda de la solución de los problemas reales de la gente, todos los sondeos de opinión de los más serios que hay nos dice cómo la pobreza ronda el 80% de la población, no podemos desconocer lo que es esta situación, la falta de alimentos, de poder encontrar las medicinas, la atención, poder tener la confianza de unos poderes públicos que atiendan a nuestra gente, cuando hay robos, cuando hay saqueos, cuando hay presos, qué difícil es poder encontrar que sienta la población que esas autoridades que deben servirla no están puestas para servir a ninguna parcialidad política, para que pueda haber justicia y equidad.
Por eso nuestro llamado en la Conferencia Episcopal a lo largo de todos estos años es precisamente poner en el centro las necesidades de la gente y los programas que llevamos adelante no son para favorecer a un grupo o a otro, sino para satisfacer mínimamente, porque es un granito de arena en medio de un desierto inmenso de las necesidades que hay, pero por eso la gente nos siente cercanos, siente que compartimos no solo material, también lo espiritual y hay que ver la fuerza que da sentirse acompañado en el dolor, en el sufrimiento, en la soledad, en la muerte porque la esperanza es una virtud que se construye tocando la realidad y la cotidianidad de nuestra gente.
— ¿El desafío de rescatar la institucionalidad del país, qué condiciones supone?
— Es uno de los grandes déficit que tiene nuestro país porque uno tiene que conversar no con quien quiere, sino con quien debe. Tenemos que entender que un mundo globalizado como el de hoy es un mundo plural y que cada uno tiene que jugar su rol. No es que vamos a hablar con el que es amigo de este grupo o del otro porque así es como nos podemos entender, no. Si yo tengo un problema de tipo judicial por qué tengo que buscar un fiscal o un juez que sea amigo cuando su función es dar justicia a quien sea y es necesario que uno sienta que ese servidor público está al servicio de la población y no de cualquier parcialidad o cualquier grupo (…).
— ¿Por qué es importante un acuerdo político en Venezuela?
— Es importante porque cuando una sociedad está en problemas tiene necesariamente que sentarse a ver qué es lo que los une y qué los separa para que puedan solucionar las cosas.
Si a uno lo secuestran, uno no va a buscar un amigo para que lo liberen, sino que tiene que hablar con el secuestrador, esa actitud de que yo no converso con este porque es un sinvergüenza, porque no es de los míos, no, tenemos que conversar con quien toca hacerlo, eso sí, exigiendo que tiene que ser la verdad y la transparencia, no solamente para salir en una foto como si fuéramos grandes amigos, sabiendo lo que son las diferencias, sabiendo lo que es la necesidad del perdón sin olvido, como nos dice el Papa en “Fratelli Tutti”, sabiendo que no se trata de claudicar en los valores, que no se trata de dejar la justicia de lado para que cada quien se aproveche de ello, necesariamente todas las situaciones de conflicto no pueden ser de espaldas los unos para con los otros, Venezuela nos necesita a todos, los que están con el régimen, los que están con la oposición, los nini, es decir, es indispensable que sintamos la necesidad de los otros aunque piensen distinto, aunque tengan posturas distintas porque es lo único que nos lleva por el auténtico camino del servicio, de la solidaridad y de la verdadera justicia.