“Estamos tratando de que el país no se acabe”, así lo expresó, la tarde de este martes 13 de diciembre, el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, durante el debate para fijar la posición sobre la eventual responsabilidad política del presidente de la República, Nicolás Maduro, en la grave crisis económica y social que vive el país.
El presidente del parlamento recordó que el debate había quedado aplazado, en el marco de las mesas de diálogo con el Gobierno nacional: “Todos recordamos que el 25 de octubre, en beneficio de iniciar un proceso de diálogo, cosa que no ha dado resultados que ojalá se hubieran producido, suspendimos o diferimos la consideración, no del juicio político porque el término se ha popularizado, sino el procedimiento para determinar la responsabilidad política de Maduro. En el interín, y esta es una muestra más de la forma arpía, truculenta que tiene el Gobierno de intervenir, en el interín, ese pseudo procurador que está usurpando funciones para las cuales no ha sido constitucionalmente designado, intentó una acción ante el bufete del Gobierno para lograr una medida, no sé si cautelar o de cualquier otra naturaleza, lo mismo da, para impedir que esta Asamblea Nacional retomara la consideración del tema que hoy debatimos”.
«Otra muestra más de que el Gobierno pretende aventajarse ante cualquier coyuntura»
La bancada oficialista de diputados se retiró completamente del hemiciclo de sesiones: «No me extraña la conducta de la bancada del Gobierno. No voy a decir que no entienden, es que no quieren entender y no quieren porque aceptar la argumentación demoledora que prolijamente se puede expresar durante horas para calificar al peor Gobierno que hemos tenido en nuestra historia,. ellos nunca lo van a aceptar porque vienen a hacer el papel simplemente de andamio de un Gobierno que no debería estar donde está y a cuyo desenlace le hemos buscado todas las salidas democráticas y constitucionales imaginables e incluso propuesto que esas eventuales salidas democráticas sean consensuadas con el mismo Gobierno».
No comparte el argumento de los parlamentarios oficialistas, que afirman que el presidente de la República no puede ser sancionario por la Asamblea Nacional dado a que «no es funcionario público»: «Ojalá se hubieran quedado para oír alguna argumentación, yo me detuve a escuchar la argumentación del diputado Pedro Carreño. La nuez, la almendra del discurso del Gobierno es un alegato verdaderamente surrealista, rocambolesco. Decir, considerar algo que contraviene, que choca contra lo es la experiencia común, de que esta AN no puede sancionar al Presidente porque él no es funcionario público. Por Dios».
Ramos Allup considera que el Gobierno actual es «hiperpresidencialista», «una de las de las desgracias que Hugo Chávez nos dejó encima (…) Le da al Presidente facultades discrecionales prácticamente de monarca, sin contención en todas las áreas. Cómo no va a ser considerado funcionario público un Presidente que simultáneamente es Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, dirige la política económica, es comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, dirige la política monetaria, ‘y no es funcionario público? Por Dios».
Reconoció que durante su carrera política, no había sido testigo de una legislatura «tan difícil» como la transcurrida en 2016, «porque nunca habíamos tenido por delante en la historia contemporánea de Venezuela, un Gobierno fallido y forajido como el que tenemos. Me puedo cansar de referir anécdotas de encontronazos y choques surgidos entre los sucesivos presidentes y el poder legislativo y todas se resolvían en base a la Constitución e incluso la destitución de un Presidente y la designación de quien habría de sustituirlo de conformidad con la Constitución y no hubo alteración constitucional porque las instituciones funcionaban
Las acciones realizadas por la oposición y desde la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, no son un «empeño» de dirigentes políticos con aspiraciones partidistas o personales, afirmó Ramos Allup: «No, es que cuanto más permanezcan ahí, mucho peor va a ser cada día, cada instante, cada segundo la situación venezolana, la tragedia venezolana es de carne y hueso, es gente, niños, gente de toda edad, que vieron cómo se destruyó su poder adquisitivo, el trabajo, sus esperanzas, su vida, su tranquilidad (…) De eso se trata, y cuando nos empeñamos en cambiar esta tragedia, no es el empeño de políticos que quieran sustituir a otros que están allí, sino que lo que estamos tratando es que el país no se acabe».
«Si uno se atiene a ese rebuzno sofístico del Presidente de que a la gente no le interesan las elecciones, que a la gente lo que le interesa es comer, por Dios, por supuesto que al hombre le interesó comer que discutir, o comer que votar pero ocurre que ese lerdo cree que Venezuela es imbécil para no darse que cuenta que mientras él esté ahí, es necesario votar para poder comer porque Venezuela no come porque él está allí, Venezuela no vive porque él está allí».
Sobre las acciones a ejecutar por la oposición en 2017, expresó que algunos colegas han anunciado algunos eventos, «los vamos a hacer de manera pacífica, democrática y constitucional. Ojalá estos del Gobierno entiendan que aquí hay que tratar de resolver las cosas en sana paz».
A su juicio, el Gobierno se aferra al poder porque está «terriblemente asustado, y tienen razón porque ellos que cuando aquí se recupere la administración de justicia, y cuando ya no puedan ejercer el Gobierno como lo han ejercido, tendrán que encarar la justicia, tendrán que responder por los delitos que han cometido, por los dinerales que se han robado, por las vidas que han destrozado, por el futuro que le han confiscado a nuestros hijos. Y por ese miedo a responder por lo que no podrán eludir, porque se trata de delitos perseguibles en cualquier lugar y tiempo, por eso se aferran agónicamente al poder. Pero una cosa es su miedo y otra cosa es el interés de Venezuela».
«Es un deber de cualquier ciudadano pretender salir e estos delincuentes que están acabando con Venezuela, de manera democrática, constitucional, pacífica y electoral», señaló.