Las elecciones presidenciales del domingo quedarán para la historia como las de más baja participación en un país presidencialista como Venezuela. De 20.527.571 venezolanos que componen el padrón, solo sufragaron 9.261.839 ciudadanos, el 46%.Una abstención para unos comicios nacionales solo comparada en los últimos años con la escogencia de la Asamblea Nacional Constituyente del 30 de julio pasado, en la que solo participó el chavismo y votaron 8.089.320 personas, el 41,53%.
El llamado a no votar de los factores políticos agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se impuso esta vez, afectando considerablemente los números del candidato de Avanzada Progresista, Copei y el MAS, Henri Falcón, que pasó de mostrar en las encuestas una ventaja de hasta ocho puntos porcentuales sobre su contendor, a perder por 46,75 puntos. Tan solo 1.909.172 votos, el 21%, alcanzó Falcón, perdiendo en todos los estados del país, y quedando en tercer lugar en Carabobo y Bolívar, por debajo del pastor Javier Bertucci, de Esperanza Para el Cambio. Maduro le aventajó por 4.248.013 votos.
Pero los 6.157.185 (67,76%), distan mucho de los 8.089.320 chavistas que votaron en la escogencia de la ANC en 2017, más aún distan de los 16 millones de inscritos en el sistema de protección Carnet de la Patria. Tampoco la cifra de carnetizados en el Partido Socialista Unido de Venezuela, 6.300.000 —según su vicepresidente, Diosdado Cabello—, coincide con los votos aportados por la tolda: 5.200.401 pesuvistas, lo que quiere decir que no toda la militancia votó, como tampoco los carnetizados de la Patria; ni el “bono sorpresa” que tanto pregonó el candidato presidente los convenció para ir a las urnas.
El recién creado Movimiento Somos Venezuela, que nació como una organización propia de la era madurista y agrupa sobre todo a la clase media, le aportó 369.921 votos, apenas el 4% de la votación, por lo que el voto duro chavista lo sigue aglutinando el Psuv, al mando de Cabello y fundado por Hugo Chávez en el 2007, y éste estaría rondando los cinco millones, un piso político alto para cualquier partido, y más aún con la crisis social, política y económica que padece Venezuela.
Una votación y participación similar a ésta del 20 de mayo se observó en las pasadas elecciones municipales de diciembre de 2017. El Psuv y sus aliados lograron 6 millones 500 mil votos, con un llamado a las urnas de 47,32%, en unos comicios en los que también participó solo un sector de la oposición.
Por otro lado, los 6.205.875 votos de Maduro también representan 1 millón 300 mil votos menos que los que obtuvo en 2013, cuando ganó por un estrecho margen, circunstancia que inició el conflicto político en el país.
En aquel entonces se registró una participación del 79,5% y la oposición cantó un fraude que no pudo demostrar, sin embargo, desde allí partió la desconfianza hacia el sistema y el árbitro electoral.
El politólogo Miguel Tinker Salas, profesor de la Universidad de Pomona, en California, opinó que la victoria actual de Maduro, así como la de 2013, ha sido “pírrica”. “Sin duda Maduro gana las elecciones, pero el margen de participación también revela el nivel de descontento entre la mayoría de la población que no ve soluciones concretas a los grandes problemas nacionales. Si no hay cambios dramáticos, la elección no cambia el contexto en que se encuentra el país. En estos momentos se necesitan planes audaces para frenar la inflación, resolver el sistema de cambio, combatir la corrupción, estimular la producción nacional y aumentar la producción petrolera. No se necesita más de lo mismo. Lamentablemente en esta elección no se presentaron respuestas a estos problemas”.
En cuanto a la presión internacional ésta seguirá por parte de Estados Unidos y sus aliados en la Alianza del Pacífico “llegando, incluso, a imponer sanciones sobre el petróleo, en esto tendrán el apoyo de la oposición que ha seguido una política de alianzas con gobiernos de derecha en la región con el propósito de aislar a Venezuela.
Dentro del Psuv, no veo grandes cambios, aun cuando su capacidad de convocatoria se ha reducido y esto debería llevar a un proceso de seria reflexión. Lo que sí veo es el alejamiento de los movimientos sociales que históricamente habían apoyado este proceso, y que hoy en día se sienten marginalizados”, expuso Tinker Salas.
Lo que sí es cierto es que tanto los que votaron como los que no lo hicieron esperan pronto soluciones a la crisis.