Política y Economía

Grupo de Boston busca un resquicio para negociación

En medio de grandes complejidades, el Grupo de Boston gana terreno como iniciativa para impulsar una intermediación política que haga posible abrir la rejilla del diálogo en una Venezuela tensa con sanciones internacionales, con la población dramáticamente golpeada por la crisis hiperinflacionaria y con los partidos políticos e instituciones distanciadas entre sí, sin consenso para alcanzar alivio entre tanto torbellino.

No es una instancia para la mesa de negociación, de imponer una agenda, o de promesa a la salida de los problemas que tiene la nación. Desde 2002, el Grupo de Boston ha sido un punto de encuentro entre parlamentarios venezolanos de oficialismo y oposición y entre Estados Unidos y Venezuela, ha funcionado en los últimos años como quizás el único mecanismo exitoso para el encuentro y el entendimiento.

Está compuesto de manera paritaria por representantes del gobierno y de la oposición. En 2002 fue clave para generar tras el golpe de Estado del 11 de abril al presidente fallecido, Hugo Chávez, espacios de debate y mesas de ideas que llevaron a  acuerdos importantes para mejorar el clima político del aquel momento y estimular un debate trancado entre controversias y la lucha política interna por el poder.

Lo que ha trascendido a la esfera pública en los últimos meses es que el Grupo de Boston estaría motivado. Recientemente jugó un rol muy importante en la excarcelación del estadounidense Joshua Holt, y le correspondió al exdiputado  Pedro Díaz Blum, al gobernador de Carabobo, Rafael Lacava y Caleb Mc Carry, miembro Senior del Personal del Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano,  establecer los enlaces necesarios entre el presidente Nicolás Maduro y el senador norteamericano Bob Corker.

Y aunque parece cauteloso y prudente, el Grupo de Boston está sosteniendo reuniones con periodistas, académicos, intelectuales y  políticos, un poco pulseando la posibilidad de un resquicio para el acercamiento. “Realiza sus actividades, desde una perspectiva que conjuga diversidad de criterios, optimismo y realismo”, escribió recientemente Leopoldo Puchi, sociólogo y secretario general del MAS.

Hace tres semanas, llegó el senador y presidente de la Comisión de Política Exterior del congreso estadounidense, Bob Corker, quien además conversó con el presidente Nicolás Maduro y miembros del gabinete de gobierno. La dirigencia opositora se mantiene dividida frente al trabajo que pueda impulsar el Grupo de Boston; sin embargo ya han salido varias opiniones a la tribuna comunicacional del país, la más reciente fue de Henry Ramos Allup, quien no se distancia del diálogo, pero asevera que para sentarse con Maduro “deberá haber un preacuerdo”.

Hoy Venezuela nuevamente polarizada y hasta radicalizada requiere “de esos esfuerzos del Grupo de Boston”, afirma el periodista Vladimir Villegas. “Yo no sé si efectivamente el Grupo tiene la intención de impulsar un proceso de negociación política en Venezuela, no sé si esa sea su objetivo subterráneo por decirlo de alguna manera, pero yo quisiera que eso fuera cierto porque puede ser punto de partida para generar un clima de mínima confianza entre gobierno y oposición con miras de lograr un entendimiento en el país”.

Ahora uno de los principales desafíos de cualquier iniciativa debe ser lograr un mediador neutral, condición que nunca se ha logrado en Venezuela, al menos desde el año 2002 con la mesa de diálogo que impulsó César Gaviria desde la OEA, pasando por la Unasur del 2016  y los diálogos de República Dominicana del año pasado.

“La crisis que tenemos no es para dejarla correr ni para ignorarla, esta situación hay que enfrentarla y no hay otra manera exitosa  que no sea a través de una negociación, lo otro sería una confrontación, una medición de fuerzas, ya en otros planos que ya hemos tenido en Venezuela y en otros lugares, por ejemplo, en 2017 se demostró que esa no es la vía”.

“Tiene que haber una apertura”, recalca Villegas. “Ojalá que el Grupo de Boston pueda promover esto y que los factores sensatos de la oposición no se dejen alumbrar por los extremistas, que es igual en el gobierno, los extremistas no tienen ideología (…) y no puede ser una alternativa para nuestro país, en ese sentido el Grupo de Boston puede ayudar si esa fuera el ánimo de sus integrantes”.

De darse alguna posibilidad de acercamiento, Villegas sostiene que la marcha será larga, “todos los procesos necesitan una cocción y la negociación también”. Además, opina que las exploraciones para este momento “no es quizás que los actores políticos se reúnan directamente, a lo mejor se podría pensar en una intermediación indirecta, sin las partes cara a cara, a alguien le escuché decir que el proceso de negociación en una crisis como la de Venezuela no se logra construyendo puentes sino túneles”.

Y en eso coincide la consultora en Asuntos Políticos y Electorales, Aime Nogal. “Más que nunca se necesita al Grupo de Boston porque los resultados de la polarización están a la vista, yo creo que le ha hecho mucho daño a la política convertir en temas tabú cualquier instancia de intermediación política”.

La experta insiste en que cualquier iniciativa “que permita recorrer o regresar al camino de la política en el que se centran los debates en las ideas y se dejan de lado los insultos, el no reconocimiento del otro, eso sería un beneficio para el país”.

Aclaró Nogal que el Grupo de Boston no ha hablado de diálogo. “Son unos generadores de idea, y de todas formas la palabra diálogo no tiene nada de malo, lo malo es llenar de expectativas al país cuando se abordan los temas sin metodología”.

Sobre la probable visita a Caracas, de Jim Tull, un experto en resolución de conflictos educado en Harvard, todavía no hay fecha.  Nogal refiere que “aún el Grupo de Boston no ha aseverado que Jim Tull vaya a venir esta semana, pero puedo decir que Tull es experto en negociación y un ejemplo que podría aclarar todo es que él estando en Nicaragua le toca negociar su propia liberación, esa es su mejor carta de presentación y si lo asocian al gobierno es necesario que también a actores de la oposición”.

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