“No sé si han fracasado, pero han terminado”. Así, el investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México y coautor del libro La gran mutación, El capitalismo real del siglo XXI, Os
“No sé si han fracasado, pero han terminado”. Así, el investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México y coautor del libro La gran mutación, El capitalismo real del siglo XXI, Oscar Ugarteche, analizó el estado de los procesos de integración regional que, según él, han sido víctima de la polarización política de los países.
En consecuencia, el licenciado en el área de finanzas (Universidad de Fordham, Nueva York) con maestría en finanzas internacionales (London Business School, Londres) cree que Latinoamérica se encamina hacia acuerdos de libre comercio. “Esto no está hecho para que haya más crecimiento, esto está hecho para subordinar. Ahora se acabó toda posibilidad de desarrollo autónomo, toda posibilidad de desarrollo del mercado interno”.
Ugarteche analizó el caso Venezuela. Él no cree que se “puedan contener episodios de hiperinflación con controles de precios porque se desbordan. Es decir, pones el control, y allí sí hay una guerra económica porque el que tiene el activo lo guarda a la espera de que el precio suba, es natural”, dijo el peruano, también doctor en filosofía e historia (Universidad de Bergen, Noruega).
Oscar Ugarteche.
—¿Por qué considera usted que de alguna manera están dadas las condiciones para que se repita una crisis financiera mundial? —Lo que nos ha pasado desde el 2009 y ahora es que por primera vez en la historia vivimos, de manera sostenida, con tasas de interés cero. Esto ha distorsionado todo, como los precios de los activos, el de los “comodities” y los tipos de cambios. También ha generado una extraña situación, en la que las empresas toman prestado a casi nada para invertir en bolsas, o sea, arbitraje en bolsas con dinero prestado con tasas de interés cercanas a cero, lo que produce una burbuja gigantesca. Ahora bien, aquí tenemos un problema doble, por un lado, las acciones de las empresas están valorizadas en función de la rentabilidad que tienen, que es obtenida de sus ganancias en bolsa; el segundo problema, es para el banco que tiene como garantía para prestarle a las empresas, acciones de empresas. Entonces, en el momento que sube la tasa de interés, que va a subir en algún momento, habrá dos efectos, uno, en el índice de capitalización de todas las bolsas del mundo y, dos, un efecto sobre los propios bancos que verán que pierden garantías. Si usted mira los índices de precios de los bancos europeos, en el último año, a partir de los anuncios de que subirán las tasas de interés, cada vez más frecuentes y cercanos, este índice se ha ido deteriorando, síntoma de un problema más grande. —¿Por qué pese a la pasada crisis financiera y la recesión global, continúa la concentración de dinero en cada vez menos manos? —Porque las medidas que se tomaron en 2008 llevaron a una mayor concentración del ingreso, que los bancos crecieran más y, sobre todo, a una dinamización del sector financiero, pero no de una dinamización del sector real. Tenemos un problema de crecimiento cercano a cero en Europa, de una tasa de crecimiento tanto en Estados Unidos como en Japón modesto. Entonces, tenemos niveles de consumo muy bajos, y esa falta de consumo se está filtrando en el comercio de China y eso, a su vez, a los precios de las materias primas. —Y tras el descalabro de los precios de las materias primas se ha hablado mucho del fin de la época dorada de América Latina, ¿cuál es su análisis? —El auge de las materias primas arrancó en el 2003 con el desarrollo del mercado de derivados y con tasas de interés muy bajas, que después fueron subiendo y, luego, otra vez bajaron. Pero a partir de los primeros anuncios de (Ben) Bernanke sobre la posibilidad del final del “quick esay”, una advertencia que hizo en mayo de 2013, inmediatamente todos los precios comenzaron a bajar. Esto es un fenómeno de arbitraje, un arbitraje por expectativas. Y esto se ha seguido haciendo en 2013, 2014, 2015 y 2016. Hay un problema de precios vinculado a la especulación, además, al problema de precios del sector real relacionado con la caída del consumo. —¿Cree usted que los procesos de integración regional han fracasado? —No sé si han fracasado, pero han terminado. —¿Y por qué han terminado? —En materia de integración regional hay dos corrientes. Una, la panamericanista y la otra la regionalista. La panamericanista es con Estados Unidos y la regionalista a partir del crecimiento del mercado interno de países, sobre todo, de Sudamérica y Centroamérica. La regionalista estaba basada, primero, en la Comunidad Andina. El Mercado Común Andino debió comenzar en septiembre de 2005, y no comenzó. Todos festejamos el fin del Alca, que era la integración con Washington, pero nadie notó que en simultáneo habíamos sepultado el Mercado Común Andino, y este último lo sustituimos por la Alianza del Pacífico, un acuerdo panamericanista. Y en el otro lado estaba el Mercosur, que debería convertirse en un mercado común en 2017, pero han habido tensiones por problemas cambiarios entre Argentina y Brasil. Ahora, la llega de (Mauricio) Macri básicamente ha enterrado eso. Entonces, no hay ni Mercosur ni Mercado Común Andino. Queda, o quedaba, el tema del Alba, un esquema de integración distinto, anclado sobre la fuerza económica de Venezuela, pero este país ya no tiene la fuerza económica que tenía hace unos cinco años.
—Será que se le ha dado prioridad a lo político sobre lo económico… —Es inevitable, es decir, no puede haber integración económica sin integración política. Para mí, lo que lo poraliza, es que hay países que dicen que el regionalismo es una iniciativa chavista, lo cual es falso, y otros que dicen que la otra posición es imperialista, lo que también es falso. —Entonces, ¿hacia dónde vamos? —Hacia el libre comercio. —Hacia las firmas de TLC… —Vamos hacia las firmas de TLC. Observando, no veo, con excepción de Bolivia y Uruguay, y un poco Ecuador, que quede dinámica para hacer mercados regionales. El sentido común ha sido ganado por la Alianza del Pacífico. Esto no quiere decir que el TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica) se vaya a firmar, eso es otra cosa. —¿Saldrá fortalecido el crecimiento de la región? —Esto no está hecho para que haya más crecimiento, esto está hecho para subordinar. Ahora se acabó toda posibilidad de desarrollo autónomo, toda posibilidad de desarrollo del mercado interno (…). Lo que nos llevará es a una transnacionalización de las economías y a una venta de los activos estratégicos, como lo que pasa con Pemex, en México. —¿Usted cree que el origen de la crisis venezolana radique en la guerra económica que denuncia el Gobierno? —Mi impresión es que la crisis venezolana radica en el 96% de las exportaciones, basadas en el petróleo. Entonces, si el precio del petróleo se cae de unos 140 dólares el barril a 30 dólares, difícilmente el crecimiento exportador basado en el crudo se pueda sostener. Y aquí hay dos problemas, uno con la balanza de pagos que se deteriora, se acaba la capacidad de compra internacional (…). El otro problema es fiscal. Cuando eres mono exportador y se te caen los ingresos, los ingresos fiscales se desploman y el déficit fiscal crece, salvo comiences rápidamente a ajustar el gasto, y si ajustas el gasto produces una caída del PIB. Entonces, se te produce una situación inflacionaria por el lado fiscal y por el costo de las divisas. Es bien fregada la situación. Y quien herede eso pasará las verdes porque será bien complicado reordenar, y el costo social del reordenamiento será muy alto. Yo, a estas alturas, no veo cómo pueden reencausar la economía sin tratar de que los precios regresen a su nivel, en otras palabras, que los precios internacionales y los nacionales se equilibren. —¿Cree en los controles de precios? —Los controles de precios funcionan dentro de ciertas bandas, bajo ciertas circunstancias y en períodos más o menos cortos. Lo que no creo es que se puedan contener episodios de hiperinflación con controles de precios porque se desbordan. Es decir, pones el control, y allí sí hay una guerra económica porque el que tiene el activo lo guarda a la espera de que el precio suba, es algo natural. —Eso lo estamos viendo… —Claro. Pero eso es un efecto, no una causa.
—Usted ha sido un crítico del FMI, pero ¿debe el país tocar las puertas de este organismo, como algunos economistas recomiendan? —Yo, en la situación de Venezuela, trataría de hacerlo sin el Fondo, pero creo que lo que pasará cuando cambie el régimen, porque cambiará, quien sea que llegue llamará al Fondo al día siguiente. Todo el mundo sabe cuáles son sus recetas y sus consecuencias.