Foto: Archivo
Diálogo, negociación, acuerdo. Tres palabras clave que, independientemente de los resultados de los comicios legislativos de este domingo, serán “justas y necesarias” para el periodo 2016-2021 del nuevo Parlamento.
Los 167 diputados que elegirán hoy los venezolanos tienen, como nunca, el reto de honrar el significado de la palabra “asamblea”, es decir, “discutir determinadas cuestiones de interés común y adoptar decisiones”, y “negociar”, en su acepción de “tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro”.
La razón para demostrar una mayor amplitud para el debate en el caso del Psuv y sus aliados, y de responder a las expectativas de los electores en el caso de la MUD, tiene su raíz en una inocultable agenda cotidiana 2015 signada por la inflación más agobiante que se conozca en el país, aunada a la escasez de productos que golpea por igual a los diferentes sectores. Los venezolanos esperan soluciones de una AN de menos confrontación y más producción legislativa.
Un hemiciclo que se mantenga “rojo, rojito” en virtud de un Gran Polo Patriótico que gane el mayor número de curules y de votos, como lo pronostica el oficialismo, se traduciría según lo dijo esta semana el presidente de la República, Nicolás Maduro, en una “radicalización de la revolución” a partir de mañana, mensaje éste que el 29 de octubre pasado, era mucho más conciliador por parte del oficialismo.
En ese momento, el Jefe del Estado indicaba que el diálogo sería la hoja de ruta una vez se cumplieran los comicios del 6-D: “A los diputados electos, sean del Gran Polo Patriótico, los de la MUD, los independientes, que resulten electos por el pueblo, los convoco, después del 6 de diciembre, a un diálogo nacional para discutir los temas de interés nacional para los años 2015-2019”, refería. A su vez, adelantaba que en un hipotético caso en el que la oposición lograra una victoria, “en ese escenario negado y trasmutado, yo gobernaría con el pueblo, siempre con el pueblo y en unión cívico-militar. Venezuela entraría en una de las etapas más turbias y conmovedoras de su vida política. Jamás entregaríamos a la Revolución, pero la Revolución pasaría a una nueva etapa, con la Constitución en la mano echaríamos adelante la independencia de Venezuela, como sea, cueste lo que nos cueste”. Para los analistas, el peso de la influencia del Gobierno en el resto de los poderes públicos sería determinante para su gobernabilidad.
En una AN que en el último periodo ha estado liderada con fuerza por Diosdado Cabello, segundo hombre fuerte del chavismo, quedaría esperar por las dinámicas que definan la nueva presidencia, tomando en cuenta que Cilia Flores (primera dama y candidata del Psuv por Cojedes) sería una ficha de peso que podría aspirar al puesto que ya ocupó en el pasado reciente.
En las últimas semanas, la divulgación de sondeos que indican una inédita remontada de intención del voto opositor nunca vista en 17 años, que implicaría una eventual mayoría simple de la MUD en el Parlamento, ha hecho que el mensaje oficialista recrudezca cada vez más y señale que, en el supuesto de que la oposición llegue a obtener más curules de los esperados, “saldrán a la calle para defender la revolución”.
Si la oposición lograra alzarse con una mayoría simple en las elecciones, el tablero daría un giro significativo, si bien no determinante desde el punto de vista gubernamental, si desde el lado político, por el margen de maniobra que tendría por primera vez la oposición para definir la agenda legislativa y contar con una palestra para el debate en la que no ha tenido protagonismo en la era chavista. Sin contar que, si lograra el mayor número de votos, el mensaje al Gobierno nacional sería contundente por tratarse de la voz de una mayoría de electores que prefieren la opción opositora. No necesariamente más sufragios significan más diputados debido a que se trata de 87 elecciones circuitales en una elección nacional.
Vistos los dos escenarios, y en especial, el escenario-país de precios del petróleo en su nivel más bajo en 7 años (34,04 dólares el barril con un presupuesto calculado a $ 40), a ninguno de los dos bandos le conviene que empeore la situación país.
Por un lado, una Asamblea roja debe procurar la conciliación y dar cabida a las propuestas de ese otro bando electo por venezolanos descontentos con la gestión de Gobierno que pide cambios concretos a problemas puntuales; y de ser un Parlamento azul el que se imponga, aunque sea por mayoría simple, la confrontación y la radicalización no deben tener cabida en el Palacio Legislativo, porque la prioridad debería ser legislar en función de las expectativas que el electorado opositor y el de los chavistas que aplicaron el “voto castigo” molestos con el Gobierno, tienen para sus inquietudes.
Un tercer escenario es para María Victoria Murillo, profesora de Ciencia Política en la Universidad de Columbia, en Nueva York, en declaraciones a AFP, el de una elección que incluso abre la puerta a una “cooperación entre el Legislativo y el Ejecutivo” como forma de compartir costos políticos: un eventual triunfo opositor podría ser visto como una oportunidad de equilibrio. Murillo, sin embargo, no descarta que una victoria opositora lleve al Gobierno a radicalizarse.
Serán los votos este domingo, los que dirán en qué manos queda el mayor peso político para honrar, con hechos, el significado de las palabras diálogo, negociación y acuerdo. En ese orden y por el bien de los venezolanos.