La oposición llega al inicio de las conversaciones del 1 de agosto con diferencias visibles sobre quién debe representarla, qué agenda llevar y hasta dónde aceptar el tutelaje de Estados Unidos en el nuevo mecanismo de diálogo con el chavismo.

Figuera avanza con respaldo de Washington

Dinorah Figuera, presidenta de la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional de 2015, ha mostrado el apoyo del Departamento de Estado de Estados Unidos, que le pidió participar en el proceso al reconocer ese Parlamento como la última institución elegida democráticamente en Venezuela.

Sin embargo, las señales dentro del bloque opositor no son de plena coordinación. Henry Ramos Allup ha dicho que la comunicación entre Figuera, María Corina Machado y la Plataforma Unitaria Democrática no es fluida, y que por ahora no existe una agenda común con la diputada de Primero Justicia.

Voluntad Popular, por su parte, adelantó su respaldo al mecanismo del 1 de agosto y a la figura de Figuera, sin esperar un comunicado consensuado por toda la coalición.

Analistas ven alto el costo de una fractura

Benigno Alarcón y Miguel Barone coinciden en que la mesa representa una oportunidad para obtener resultados favorables, pero advierten que su legitimidad dependerá de que quienes se sienten a conversar representen a la oposición mayoritaria y mantengan comunicación con sus liderazgos políticos.

Alarcón sostuvo que una nueva división sería costosa y recordó que a los sectores que se separaron y fueron a las elecciones de la Asamblea Nacional del año pasado les ha ido mal en términos de apoyo político.

El analista también señaló que una mesa que no incluya como prioridades el calendario electoral, un nuevo CNE, cambios en el Tribunal Supremo de Justicia, el cese de la represión y la liberación de presos políticos podría perder legitimidad con rapidez.

Barone, en cambio, cree poco probable que el proceso fracase por una ruptura abierta, porque considera que quien marcará el ritmo será Estados Unidos. Aun así, pidió que la oposición defina una representación equilibrada y una metodología clara para la negociación.

Figuera ha dicho que la reestructuración del CNE será prioritaria en la discusión con Jorge Rodríguez, mientras Ramos Allup insistió en que no participarán en ningún proceso en el que no se consulte a la Plataforma Unitaria Democrática ni a Machado.

En medio de esas diferencias, la reunión entre Machado y la PUD del 15 de julio no dejó un acuerdo público. Para Alarcón, el desenlace dependerá de si Figuera actúa como portavoz de los intereses de la oposición mayoritaria o si la mesa pierde respaldo rápidamente.

Barone agregó que la dirigente opositora no parece dispuesta, por ahora, a descalificar la iniciativa, sino a buscar alguna forma de participar. El reto, dijo, será encauzar el proceso hacia una salida que permita elegir libremente a los gobernantes.