Gonzalo Arenas llegó el miércoles al Ministerio Secretaría General de Gobierno, en el segundo piso del ala oriente de La Moneda, y su aterrizaje no fue simbólico: desde el primer día ocupó el despacho que había usado Mara Sedini, en un gesto leído dentro del gobierno como una señal de mayor peso político para la vocería.
Una vocería con más margen político
La instalación de Arenas ocurrió mientras el gobierno enfrentaba la controversia por las rebajas de condenas a 56 personas sentenciadas por delitos sexuales contra menores de edad. En ese contexto, José Antonio Kast lo presentó públicamente y le dio un rol central en la estrategia para contener el daño político.
Según lo descrito en Palacio, Arenas pasó de blindar la postura del ministro de Justicia, Fernando Rabat, a empujar un relato político más amplio: anunció la paralización de todos los decretos que se pudieran detener y planteó que el gobierno buscaría con urgencia un cambio legislativo en el Congreso. También admitió que el gobierno no estaba contento con esos decretos, aunque sostuvo que cumplirían la ley y la Constitución.
El ajuste interno en el Segundo Piso
Su nombramiento también removió equilibrios internos. El cambio fue interpretado como un golpe al esquema comunicacional centralizado que había impulsado Cristián Valenzuela, con una vocería muy controlada desde el Segundo Piso. Desde ahora, la coordinación quedó en manos de Claudio Alvarado y Arenas, con un diseño que separa la comunicación del Presidente de la del gobierno.





