Para educar a los niños y niñas se hace necesaria la disciplina. Los pequeños necesitan saber lo que pueden y no pueden hacer. Aprender que son responsables de sus actos y que toda acción tiene por lo tanto una consecuencia. La disciplina les ayuda a aprender las formas adecuadas de comportarse y actuar. En los primeros años, la existencia de disciplina y normas les aportará seguridad, ya que tendrán una guía para saber cómo actuar.
Pero no debemos entender la disciplina como una imposición de normas, reglas y formas de actuar. La disciplina ha de ser un medio para el desarrollo sano y feliz de los pequeños, un camino para enseñarles a ser autónomos y responsables, que no perjudique su autoestima y no provoque reacciones negativas. La disciplina positiva se basa en el respeto y tiene como objetivo favorecer la maduración de los niños y niñas, para que sean adultos responsables, autónomos y felices.

10 pautas para educar con disciplina positiva
Entiende al niño. Ponte en su lugar, identifica las creencias y sentimientos que están detrás del comportamiento, entiende las razones por las cuales los niños/as hacen lo que hacen, y trabaja para cambiar esas creencias en lugar de tratar de cambiar simplemente el comportamiento.
Ayúdale a pensar, razonar y decidir su comportamiento de forma racional, no solo emocional.
Actúa como ejemplo para el niño/a. Los pequeños aprenden mucho más de lo que ven que de lo que escuchan.
Establece los objetivos de conducta que queremos conseguir, involucrando al niño/a, y elabora un plan consensuado para conseguirlo.
Se firme en tus decisiones, límites y normas pero con amabilidad y con cariño.
Dialoga con el niño/a, permitiéndole explorar las consecuencias de sus decisiones, utilizando de esta forma el error como fuente de aprendizaje (mediante preguntas y reflexión, en lugar de castigos para que paguen por su error).

Enfoca en las soluciones, y no solo en el problema, haciendo al niño/a participe en las mismas.
Desarrolla su autonomía, que sea una persona capaz de decidir.
Critica la acción y no a la persona. Debemos prestar atención a la autoestima de los pequeños.
Riñe o castiga si es necesario, pero siempre desde el respeto y sin transmitir miedos.