Por todos los peligros que encierra la cocina es natural que los padres no quieran que sus niños estén en ella mientras preparan los alimentos. No obstante, estudios que sugieren que el hacerlos participar en la preparación de la comida, es un primer paso para lograr que prueben platillos nuevos. Investigadores de la Universidad de Columbia descubrieron que los niños que habían cocinado sus alimentos se mostraban más inclinados a comerlos.
Aunque parece razonable exigir a un niño que coma al menos un bocado de cada cosa, puede ser contraproducente. Estudios muestran que los niños reaccionan de forma negativa cuando los padres los presionan para comer algo, aún si la presión supone una recompensa posterior. Los niños tienden a imitar las preferencias de comida de sus padres y se muestran mucho más proclives a probar alimentos si ven que su padre o madre los están consumiendo.
Los preescolares tienden a preferir y rechazar las mismas frutas y verduras que les gustaban o no a sus padres. Los padres que suelen contar las calorías de todos los alimentos, sirven por lo general en su casa verduras hervidas sin ningún otro agregado, lo que aumenta el rechazo de los niños a comerlas. Los nutricionistas sostienen que los padres no deberían tener miedo de adornar las verduras.