La prudencia está definida como la moderación y cautela en la manera de ser y actuar. Es una virtud que debemos integrar a nuestra personalidad para aprender a tener un trato justo y generoso hacia las personas.
Ser prudentes nos ayuda a construir en nosotros un carácter más fuerte, seguro y perseverante. También da importancia a la reflexión en nuestro día a día. Porque nos hace considerar los efectos o consecuencias que pueden producir nuestras palabras y acciones ante las demás personas.
Cristina Paz, psicóloga infantil, señala que “la prudencia es un valor complejo que necesita el desarrollo de otros valores, ya que ayuda, por ejemplo, aprender a controlar los impulsos”. Asimismo explica que “tiene que ver con la manera adecuada de decir las cosas, la discreción y la reserva”.
No se trata de no manifestar los sentimientos o ideas, consiste en saberlos expresar de la forma más adecuada y en el momento oportuno, sin herir al otro.
